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sábado, 24 de diciembre de 2011

Esperanzas rotas y mandíbulas caídas

Fue un aluvión de interpretaciones, pronósticos, augurios y especulaciones lo que “opinadores de oficio” de todos los colores vertieron durante la semana a propósito de lo que traería, en cuanto al tema migratorio, el VIII período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba.

Los de adentro ya se veían volando en el cúmulo de aviones que –según Ricardo Alarcón cuando explicara a Eliecer Avila por qué los cubanos no podían viajar- provocarían un enredo que taparía el sol.

Los de afuera, también llenos de esperanzas, soñaban con el abrazo que durante tanto tiempo –desde un año y un día hasta veinte años- tienen preparado para el primo con que fumaron a escondidas su primer cigarrillo.

Pero olvidaron que los dictadores son dictadores y sólo tienen en cuenta sus propios sueños y sus propias esperanzas. Ayer, 23 de diciembre, Raúl Castro se los recordó y a muchos la mandíbula les llegó a las bajuras de las rodillas. Dijo el general/presidente/primer secretario:


Tras la autorización de la compra venta de autos particulares y viviendas, no pocos consideran urgente la aplicación de una nueva política migratoria, olvidándose de las circunstancias excepcionales en que vive Cuba bajo el cerco que entraña la política injerencista y subversiva del gobierno de los Estados Unidos, siempre a la caza de cualquier oportunidad para conseguir sus conocidos propósitos.


El 1ro de agosto pasado en este Parlamento abordé públicamente el tema y expuse que nos encontrábamos trabajando para instrumentar la actualización de la política migratoria vigente y que se avanzaba en la reformulación y elaboración de normativas reguladoras, en correspondencia con las condiciones del presente y el futuro previsible. Hoy ratifico todos y cada uno de los planteamientos realizados en aquella oportunidad, al tiempo que reafirmo la invariable voluntad de introducir paulatinamente los cambios requeridos en esta compleja temática, sin dejar de valorar en toda su integralidad los efectos favorables y desfavorables de cada paso que demos.

Así que a especular sobre la nueva promesa que Alejandrito Castro Espín espera para prometer lo suyo a los "opinadores de oficio" los desesperados de adentro y los esperanzados de afuera. Mientras tanto, el éxodo sigue en balsas y "quedaitos" y el regreso "punto en boca" o no pasas del aeropuerto.

Se recomienda para concluir esta cena macabra como postre navideño un despacho apócrifo de Enrisco, que si no es genial, por lo menos es más verdad que el c...

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