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domingo, 17 de febrero de 2013

Yoani, en alas del viento blando



Febrero. Domingo. Mediodía. Yoani Sánchez. Aeropuerto de La Habana. Tercer heraldo de la reforma migratoria cubana hacia el mundo. Va “ligera de equipaje”, según dijo, dicen. Se señaló a la cabeza y aseguró que los bártulos importantes los llevaba ahí. Ya hemos visto los de Eliécer Ávila.

Es curioso. Antonio Machado se refería al “último viaje” cuando afirmó que se marchaba, “casi desnudo, como los hijos de la mar”. Iba, según indica el oxímoron, rumbo a la muerte.

Yoani Sánchez lo hizo en su segundo viaje fuera de las fronteras de una isla arruinada que se parece a la muerte. Cuando va rumbo a la vida que no puede ejercer dentro de tanta tiniebla.

Machado sabía que no volvería, lo dejó dicho “la nave que nunca ha de tornar”. Sánchez ha asegurado que volverá, “cual torna la cigüeña al campanario”.

De su primer viaje, silencioso, diríase subrepticio, Sánchez volvió, con “dicterios al gobierno reaccionario”. Fundó un blog. Se hizo célebre.

De este, cuando recuerda al poeta del Duero, y va nimbado por la aureola de la fama pero no resulta tan definitivo como el de aquel que pidiera “otro milagro de la primavera”, ha dicho que también volverá, quizás con menos dicterios, quién sabe si con más.

Serán unos “ochenta días” lo que demorará en darle “la vuelta al mundo”. Brasil, República Checa, España, México, Estados Unidos, Holanda, Alemania y Perú, entre otras latitudes la verán ir “en alas del viento blando”. Ya Mariela Castro no será la única Marco Polo de los pobres.

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