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viernes, 26 de octubre de 2012

Un almuerzo con Menoyo

El escritor cubano Amir Valle ha de estar triste hoy. Su Santiago de Cuba natal ha sido arrasado por el ciclón Sandy. La devastación y los once muertos que dejó a su paso le han de doler. Yo sé cuánto ama a Santiago y a su gente. Pero, de seguro, su tristeza se ahondó cuando supo la noticia de que Eloy Gutiérrez Menoyo ha muerto en La Habana. Sé lo que significa un amigo para Amir, y Menoyo era su amigo.

Yo conocí personalmente al comandante guerrillero del Escambray, al preso “plantado” de Boniato, al luchador pacífico que tras el exilio decidió reinstalarse en La Habana, en el viejo caserón de Centro Habana que Amir habitaba por entonces.

Un almuerzo con Menoyo me bastó para saber que era un hombre bueno. Las contradictorias versiones que tenía sobre él se borraron de una conversación, dos café y algunos cigarrillos. Frente a mí, aquella tarde, había un hombre inteligente, bondadoso y valiente. Ocurrió en 2004, cuando aún las costillas me olían a calabozo.

Entre risas, lo primero que recordamos, de mi infancia temprana y de su juventud gloriosa, fueron los versos de una antigua cuarteta en la que una campesina cubana “por conducto de Menoyo” le ofrecía su intimidad a Fidel Castro. Después vinieron recuerdos mutuos de Boniatico, las celdas de castigo, de la cárcel de Boniato, remembranzas de héroes que ambos admirábamos, análisis sobre la realidad cubana, estrategias en la lucha contra Castro. Pero nunca lo vi treparse por su historia para erigirse dómine. Hablaba desde el desenfado, la lucidez y la modestia. Era un hombre bueno.

Me quedé con ganas de volver a hablar con él. Pero nuestras rutas se bifurcaron. El permaneció en La Habana, yo partí al exilio. En el exilio me lo dibujaron de muchas formas. Yo, sin discutir, guardé la imagen que descubrí en el viejo caserón que habitaba Amir Valle en Centro Habana.

Hoy, en el diario español El país, descubrí el resumen de aquella conversación inconclusa. Desde el hambriento portón de la muerte Eloy Gutiérrez Menoyo, me enviaba la clave:

La suerte llegará. Cuando el último cubano errante regrese a su isla. Cuando el último joven nacido en Madrid, en Miami o en Puerto Rico se reconozca en la isla. Cuando sanen las heridas y desaparezca el dolor habrá un pueblo que tendrá cautela de celebrar su nueva dicha y de cuidarse de magos iluminados y de proyectos mesiánicos. Porque, no importa cómo, la suerte llegará: delgada, silenciosa y frágil como una mariposa llena de júbilo, como una señal para este pobre pueblo que merece algo mejor.







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