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sábado, 17 de marzo de 2012

Sábado de poesía con César Vallejo


César Vallejo hubiera cumplido 120 años ayer 16 de marzo. Pero su destino era el de la inmortalidad. Luego de la poesía los poetas no vuelven a cumplir años. Su presencia se mide en otras dimensiones, otras presencias, otras resonancias. Y ya todos los sufrimientos del poeta universal que se volvió no atañen sólo al Perú de sus entrañas y sus ensueños sino que corresponden a ese gran universo que es la poesía arrancada a la efímera vida para permanecer en todas las vidas. Aquí los dejo con los cuatro poemas, quizás, más conocidos de César Vallejo, pero que no por conocidos dejan de resultar otra vez nuevos y magníficos.


Piedra negra sobre piedra blanca 



Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos

los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia y los caminos...



Los heraldos negros


Hay golpes en la vida, tan fuertes...¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o lo heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que elDestino blasfema.
Esos golpes sangrientos  son las crepitaciones de algún pan
que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombro nos dan una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,
como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida,
tan fuertes... ¡Yo no sé!



Espergesia 


Yo nací un díaque Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,que soy malo;
y no sabendel diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...Bueno.
Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico...
Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
lúyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben... Y no saben
que la luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día que
Dios estuvo enfermo, grave.



Ágape


Hoy no ha venido nadie a preguntar;
ni me han pedido en esta tarde nada.
No he visto ni una flor de cementerio
en tan alegre procesión de luces.

Perdóname, Señor: qué poco he muerto!
En esta tarde todos, todos pasan
sin preguntarme ni pedirme nada...
Y no sé qué se olvidan y se queda
mal en mis manos, como cosa ajena.

He salido a la puerta,y me da ganas de gritar a todos
Si echan de menos algo, aquí se queda!
Porque en todas las tardes de esta vida,
yo no sé con qué puertas dan a un rostro,
y algo ajeno se toma el alma mía.

Hoy no ha venido nadie;
y hoy he muerto qué poco en esta tarde!

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