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sábado, 10 de abril de 2010

Carlos Pintado: cinco ases al tiro










Un niño oscuro y solo me conmueve


Un niño oscuro y solo me conmueve
como el cadáver viejo de algún muerto.
Como el cadáver viejo de algún muerto,
Un niño oscuro y solo me conmueve.
Saberlo en la penumbra me entristece,
como la tarde gris cuando me mira.
Como la tarde gris cuando me mira,
Saberlo en la penumbra me entristece.
¿Qué me separa acaso de sus manos?
¿Qué tiempo inabarcable y hondo pasa
entre los dos, de pronto en una plaza
y al querer acercarnos todo es vano?
Un espejo, una fuente nos separa.
En otro tiempo estamos cara a cara.


Las noches en Mortefontaine


Noches de amantes breves como cirios ardiendo,
y cetros y fortunas y reyes y palacios.
Noches de espejos hondos, aguas de un río mágico.
Noches de altas torres perdiéndose en la noche,
y sonoras tinieblas retumbando en lo oscuro.
Noches de laberintos como hojas cayendo
sobre el pozo abismal donde mi sed enjoya
en música sus cantos, sus noches tan eternas.
Noches de verjas altas y jardines y estatuas.
Noches en donde todo parece que se escapa
a domeñar la forma terrible de mi sombra.
Noches en que me pierdo sin saberlo en la noche,
bajo gotas finísimas como cristal soñado,
por senderos de nieblas, por bosques de unicornios.
Noches en que las cosas que amamos se despiden
agitando en el aire una espantosa mano.
Noches para soñarnos la mano que retira
la nieve de la espada, la espada de la piedra,
y el mágico rocío sobre el agua del lago,
agua lustral fluyendo, agua de plata y luna.
Noches de hondos espejos en sombras desvelados,
y rostros que se asoman hacia un fondo de sombras.
Noches que son el sueño del cuerno y del marfil.
Noches de puertas altas, de interiores sagrados,
y paisajes mostrando el nácar de algún rostro.
Noches para olvidar quién por mi sombra avanza,
bajo qué estrellas quedo sosteniendo mi cuerpo
insomne y solitario, como una luz temblando.
Noches de islas lejanas, de bajeles sombríos
y puertos ideales para agitar pañuelos.
Noches para sentarnos a hablar junto a la noche.
Noches de torvos pájaros y tigres en penumbras,
y dedos sobre el vidrio, y cítaras tocando.
Noches en que no somos sino la noche misma,
reconociendo el paso ruinoso de sus muertos.

Escrito en 1988



Denme la sombra, oscura mansedumbre.
Denme la pluma, el ave; denme el sueño.
Denme el castillo, el foso y el empeño
De nombrar los misterios de la lumbre.
Denme la vida, y denme ya la suerte
De ver el paraíso y el infierno
Y el veneno y la copa y aquel cuerno
Que en la sombra alumbró toda mi muerte.
Denme la eternidad que poco dura.
Denme el breve recuerdo que procura
Mis templos, mis ciudades, mis Parnasos.
Denme todo el valor, todo el soñado
Valor que sólo en sueños he buscado.
Y denme amor, la luz y los ocasos.

Cuartetas de otoño



Me han concedido el fuego del pecado.
Sólo el fuego; el amor jamás ha sido
En mí sino una sombra. Yo he soñado,
en las eternas noches del olvido,


Que alguien me ama y me sueña. No he podido
Corresponder. Soy triste como el hado
Que invierte los destinos del amado.
Soy el amado; no quien ama. He sido


El traidor y el amigo. He complacido
A oscuros dioses el manjar sagrado.
Alguien en la penumbra me ha buscado.
Alguien en la penumbra me ha vencido.


Palimpsesto



Descifrar el misterio de las cosas,
Las ambiguas palabras, el severo
Orden de tantas frases, el austero
Mecanismo de noches silenciosas.
Ver en lo que nos legan con cuidado
Oscuras escrituras muy secretas,
Manuscritos de dioses, las discretas
Historias que los hombres han soñado.
¿De tus símbolos cuál ha resistido?
¿Qué letras ya borradas han surgido
Del alba tan eterna, tan distante?
¿Quién nombrar puede tus misterios todos?
¿Qué marcas o qué trazos son tus modos
Perdurables, secretos, inconstantes?

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