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viernes, 25 de noviembre de 2011

Las trampas de una ley: un texto de Luis Cino, desde dentro de Cuba y con nombre propio al pié

Me jode –dice Luis Cino- haber creído que nos íbamos a quitar de encima los abusos, robos y extorsiones de la mafia burocrática de la Dirección de Vivienda. De eso nada, monada. Antes de cantar victoria, debí haber sospechado que los burócratas mafiosos no iban a quedar abandonados, sin tener cómo ni a quién robar.

Resulta que -agrega el periodista independiente cubano- para vender o comprar casas en los municipios capitalinos más densamente poblados (10 de Octubre, Centro Habana, Habana Vieja, El Cerro) se requiere el visto bueno de la Dirección de Vivienda. Todavía peor: cualquier trámite domiciliario en la capital que realicen personas del interior del país sin residencia legal en La Habana -recordemos la existencia de la discriminatoria ley 217, reminiscente del estalinismo, el apartheid y otras barbaridades- requerirá también de la autorización de la corrupta Dirección.

Y ahí mismo está el filón de los corruptos: siguen, porque nunca se acabaron, los robos y las extorsiones de la Dirección de Vivienda. ¿Quién dijo que se acabó el abuso? Que se preparen, para el chantaje y los sobornos, los palestinos de los llega y pon y los habitantes de las cuarterías y los solares habaneros. Los funcionarios de las direcciones municipales y provinciales, tan mafiosos y chupópteros como siempre, que se cagan en la cruzada anticorrupción y se limpian con la nueva Ley de la Vivienda, ya inventarán su maquinaria para robar en las nuevas circunstancias. Y apretarán las tuercas para exprimirnos.

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