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miércoles, 11 de agosto de 2010

Mi pueblo, nuestro pueblo (IV)

Todo líder tiene un programa. Un programa sometido a riguroso cotejo. Calculado. Cronometrado. Enfocado. Estilizado. Revisado, siempre hasta la saciedad. Lo primero es desterrar de él las palabras “no” e “imposible”. Tiene que ser la propuesta de un triunfador. Sin dudas. Sin fisuras.
Todo líder tiene una imagen. Una imagen peinada, manicurada, maquillada, vestida -con la humilde discreción que sólo los grandes modistas saben lograr pero que la mayoría no sabe distinguir-, fotografiada por el ángulo más noble, en el gesto más solemne o generoso o venerable, si es en familia, mucho mejor, eso da un toque de cotidianeidad muy enternecedor.
Todo líder tiene un propósito público, a lo sumo dos para sus discursos. No puede permitirse digresiones. Y este propósito debe estar vinculado a una necesidad perentoria del pueblo, y ha de repetirse en toda ocasión, fijarlo como un estribillo de una canción de moda. Si se trata, pongamos por ejemplo, de la construcción de viviendas para el pueblo, aunque lo interroguen sobre la salud, la educación, el desempleo, ha de ser breve y positivo también en esos temas pero inmediatamente retomar su propósito y hablar sobre las viviendas, porque los otros temas pueden ser el propósito de los contrincantes, y eso sería fortalecer la contraparte.
Todo líder tiene un currículo, y este currículo debe estar al alcance de todos, escrito en el lenguaje más sencillo pero deslizando, como al desgaire, algunos vocablos rebuscados que resalten la monumental cultura del líder, avalada por la mayor cantidad de títulos, diplomas y honores.
Con esta mixtura, conseguida en la retorta de los alquimistas de campaña, se va a la lidia, y el pueblo ha de saberlo, a pesar de aquel viejo decir de Antonio Machado, a través de su heterónimo, de Juan de Mairena: muchas cosas sabe el pueblo... escribir para el pueblo, ¿qué más quisiera yo? Y no olvido que, quizás, esa sabiduria del pueblo es lo que ha conducido a que en las elecciones actuales de casi todo el mundo, el por ciento de abstención sobrepase, en la mayoría de todos los comicios, el 40 por ciento; exceptuando, claro está, aquellas falsas elecciones de sociedades cerradas, de las que no puden creerse ninguna de sus estadísticas.

2 comentarios:

  1. La relatividad del "diseño" del líder, tal vez, venga también dada por la masa a la que se entrega y lo asume. Y por "la vía" con la que se hiciera líder mismo. Así se pueden apreciar algunos, milico, guerrilleros, deportistas, políticos, religiosos...

    Coño, es que me dejaste la inquietud: y mira que le has dado en la costura al tema!!

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  2. Todavía hay más que decir, lo que pasa es que el tiempo, coño, el tiempo.

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