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domingo, 14 de abril de 2013

Tres damas, dos gatos y una ventana.


Cuando el diafragma de la cámara se abrió y cerró en apenas un parpadeo y un leve sonido frente a las tres damas, dos gatos y una ventana, el periodista estadounidense Tracey Eaton, tal vez no sabía que unos días después esas mujeres se tornarían heroínas y comenzarían a tomar las calles vestidas de blanco reclamando la libertad de sus familiares presos.

Es una foto conmovedora y simbólica. De ella emana un hálito como de premonición. Parece gritar: también estamos presas pero no nos quedaremos tranquilas. Y es que Las Damas de Blanco nacieron así. Sus miradas tristes tras el enrejado de una ventana mientras oteaban el miedo y la incertidumbre y registraban en su interior para hallar un camino y una solución.

Estas que veis son Laura Pollán, Claudia Márquez y Yolanda Huerga. Los gatos se llamaban Blacky y Ricky. La ventana es de la casa señalada con el número 963 en la calle Neptuno de la Habana. La sede de las Damas de Blanco. Laura está muerta, Claudia vive en Puerto Rico, Yolanda aún trajina desde Miami junto a las Damas de Blanco y Héctor Maseda ya volvió a casa, tras negarse a ser desterrado a España, pero no encontró a sus gatos Blacky y Ricky, ellos también murieron mientras lo esperaron por más de siete años.

Seguro hay otras fotos de esta época con otros rostros y otras ventanas porque por esos días 75 opositores cubanos habían sido encarcelados por exigir derechos y libertades para el pueblo y los periodistas extranjeros que había por entonces en Cuba andaban como sacudidos por tamaña barbarie.

Desde que fue tomada la foto hasta hoy han pasado diez años, Eaton no está en la Habana y el Grupo de los 75 apenas si alguna tarde, más que noticia, vuelve a ser recuerdo.

Sin embargo, en esos diez largos años esa ventana ha permanecido y ha sido testigo y parte de la historia de las Damas de Blanco. Desde esa ventana Berta Soler y Alejandrina García, Loida Valdés y Julia Núñez vieron llegar desde todas partes de Cuba a otras Damas que venían para unirse a las caminatas frente a la iglesia de Santa Rita. Desde esa ventana Asunción Carrillo e Iraida Rivas, Ana y Nélida Borrego vieron la larga hilera de gladiolos partir hacia el peligro de las calles. Desde esa ventana Catalina Cano y Gladys Núñez, Nancy Alfaya y Milka María Peña vieron amontonarse frente a ellas los furibundos rostros de las turbas que las ofendían y agredían por orden del gobierno.

Esa ventana, como un ojo pineal, se abrió al mundo para hacerle saber de la vida de estas mujeres y le enseñó que Cuba no era solo un paraíso de jineteras, playas y cohíbas. Por eso esa foto con tres damas, dos gatos y una ventana me llena de orgullo cada vez que la veo aparecer entre mis archivos.





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