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jueves, 11 de abril de 2013

Berta Soler, el poder del ejemplo

Berta Soler junto a Laura Pollán y Alejandina García de la Riva, encabezando una marcha por el séptimo aniversario de la Primavera Negra.

Berta Soler llegará a Miami a fines de este mes. Su agenda será tan prolija como magro su bolsillo. Ella no tiene dinero ni poder. Pero sabe discernir y tiene el coraje de cargar con el peso de sus decisiones. Su cuerpo y su mente están entrenados para pegar fuerte y para resistir la riposta. Las calles de La Habana son testigos. Su gladiolo no se marchita con malos alientos ni sus ropas blancas se emporcan con zanahorias putrefactas.

Pobres de los que no hayan aprendido a reconocer la fuerza de los sin dinero y sin poder cuando se juntan. Los líderes verdaderos no se fabrican con panegíricos ni alhajas, brotan de la legitimidad de sus propias esencias y están inmunizados contra la corrupción. Los líderes prefabricados se desenjaminan a la primera ventisca, los líderes ígneos resisten la tormenta: Berta Soler está hecha de esa sustancia que primero es lava viva y luego roca inquebrantable.

Aquí, como en Cuba, dependerá de un exilio solidario y de unos amigos fraternos que en cada abrazo le darán la riqueza del respeto y la admiración –ese poder que los presumidos y jactanciosos no conocen- y ese exilio honrado y esos amigos incondicionales la alertarán sobre camajanes inescrupulosos, la cuidarán de politiqueros arrastrapanzas con ínfulas de acaudalados, y la ayudarán a saber de qué lado nace la música auténtica y en qué sitio empolla el coro de los grillos.

Berta Soler llegará a Miami con el poder del ejemplo. No la honraremos al fotografiarnos con ella. Seremos los honrados, por más encumbrados que nos creamos, al estar junto ella en la instantánea que luego será inmortalidad e historia. Los buenos usarán la foto para mostrarles a sus descendientes el supremo minuto en que rozaron la grandeza de una mujer excepcional, los pillos usarán la foto para ganar adeptos en turbias campañas ajenas a los anhelos de un símbolo de nobleza.

Berta Soler se reunirá con la parte errante de su país quebrado. No alardeará de su historia personal ni admitirá comparaciones personales bochornosas. Irá a la necesidad de un pueblo y a la actualidad de una circunstancia igual para todos. No excluirá porque ha padecido la exclusión y porque sabe que el amor a la libertad se hace más grande cuando todos confluyen en él. En los foros de todas las tendencias, dirá y escuchará. No impondrá ni permitirá que se le impongan. Su estilo no es el de la embelesante oradora, es el de la activista factual. Ama el acto sin desechar el discurso. Pero para ella una caminata desafiante, en medio de vituperios y golpes de turbas amaestradas por un régimen oprobioso, es la efectividad contra la opresión.

No esperen a otra Berta. Yo la conozco y sé de qué fibra está hecha. Si tengo el honor de hablar con ella cuando nos visite, será en mi casa pobre, frente a una mesa pobre que ella enriquecerá con el tesoro de su ejemplo.

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