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miércoles, 20 de enero de 2010

DOS MÁS DOS, SON 75


Loma arriba los sueños




Por Manuel Vázquez Portal



Arturo Pérez de Alejo se asomó al balcón del Escambray y descubrió que el mundo no era como se lo habían pintado. Se sintió estafado. Quizás furioso. Y aunque Moraima le palmeaba el hombro con amor, sintió que en su ancho pecho de hombre fraguado en las labranzas comenzó a tronar un pedrerío de avalancha. Montañés de piernas andariegas y corazón acostumbrado a las cumbres se dio cuenta de que la isla se hundía. Temerario como un arriero quiso evitar el desbarranque.
Era el año 1980. Miró su título de topógrafo, hojeó su carnet del Partido Comunista de Cuba, recordó su lanzacohetes BM-12 con el que recorrió la tierra angolana y comprendió que sus méritos valdrían muy poco después de la decisión que tomaría.
Era entonces director de la empresa provincial de viveros y floricultura, y cuando lo llamaron para que participara en los progroms que la policía política cubana preparaba contra gente sencilla que sólo quería marcharse del país, Arturo Pérez de Alejo, con toda la terquedad con que se ganó su sobrenombre de Pecho e' mulo, dijo que eso no le parecía heroico, sino bajo y cobarde, y que con él no podían contar para esa mierda.
En 1994 integró las organizaciones disidentes radicadas en Ciudad de La Habana, pero se dio cuenta de que su espacio estaba en las montañas, junto a la gente que amaba y conocía, y entones fundó la organización independiente de derechos humanos Escambray, que se extendió por la cadena de montañas del centro del país, incluyendo las provincias de Cienfuegos y Sancti Spíritus, y puso a correr a la policía política en esa región emblemática para la historia de Cuba.
La Primavera Negra de 2003 lo sorprendió loma arriba hacia los sueños y ni con los 20 años de cárcel a que lo condenaron han logrado que Pecho e’ mulo, ceda una pulgada en su amor y terquedad porque Cuba un día deje de ser un árbol carcomido por el comején de los Castro.




Otro cáncer en el alma



Por Don Alternán Carretero


Mirtha Ramona Llorente tiene un cáncer galopando por su sangre. La leucemia lleva muchos años tratando de derrotarla. No recuerda cuándo le empezó. Pero en su memoria no se apaga aquel miércoles 19 de marzo de 2003 en que la policía política cubana le instaló otro cáncer en el alma.
Hacía apenas ocho días que su hijo, Fabio Prieto Llorente, había cumplido los cuarenta años. Un desmesurado operativo militar invadió la casa del periodista independiente cubano, la revolcó sin desencia ni escrúpulos, se llevó a Fabio esposando frente a todos sus vecinos, y la anciana sintió un dolor que nunca le ha inflingido la leucemia. Supo inmediatamente que lucharía entonces con dos enfermedades mortales.
Mirtha Ramona tiene ahora 76 años, hace siete anda de trotamundo, junto a su hija Lourdes, por las cárceles de Cuba. A Fabio lo han trasladado varias veces desde que en abril de 2003 lo condenaran a 20 años de prisión por ejercer el noble oficio de mostrarles la verdad a los demás.
Pero no lo han condenando a él sólo. Su madre, cargada de vejez y enfermedades, ha sido condenada triplemente: a soportar la angustia de tener un hijo preso injustamente, a viajar por el infierno que es la isla para llevarle unas vituallas y unas caricias y a ver crecer a su nieto Fabito, quien entonces tenía sólo catorce años, sin la presencia de su padre.

martes, 19 de enero de 2010

CANTAR DE LA SABANA







Gitana tropical















Inclinada sobre el puente
simula una efigie trunca:
tristeza que quiere, y nunca
saltará. Sobre la frente
el sombrero. Mira ausente,
es otra ella en el río
que la hala. Sufre frío.
Está sola. Tiene miedo.
Perdió el rumbo. Perdió el credo.
Sólo repite: ¡Dios mío!


Es como un búcaro roto
vuelto a empalmar su mirada.
Lleva guantes. La nevada
espolvorea la foto.
La envió de lo remoto
del mundo –torvo retiro
sin huellas- Hay un suspiro
hecho hielo en el retrato.
No la conozco, aunque trato
de hallarla cuando la miro.


Rompo la foto. Rescato
la memoria. La compongo:
¡tengo sus ojos! Le pongo
sol a sus ojos. Desato
su cabello rizo. Ato
con mi brazo su cintura.
La estrecho. Planto ternura,
azúcar parda en sus labios
que son prodigiosos sabios
del amor. ¡Es su figura!

lunes, 18 de enero de 2010

OTRO CANTAR





Dos poemas inéditos de Félix Luis Viera


                              
Foto: Delio Regueral.                             



                               23
Mis hijos me envían cartas como si el hijo fuera yo,
me aconsejan que no beba, que fume poco, que no salga en las noches,
que escuche rancheras y corridos
en soledad.
Un año sin ver a mis hijos tiene el peso de todas las guerras,
me ha matado mil veces,
un millón de veces he visto mi sangre correr por los tragantes.
Mi hijo es dorado como una espiga dorada
y sus ojos tienen el color emergente después de la furia,
él ha sido tierno y cuando tenía 9 años
yo le escribí un poema pidiéndole que nunca abandonara esa ternura
y así lo hizo,
él fue mi gran amigo y me enseñó a jugar como yo no sabía
y hoy seguimos siendo amigos y si ya no podemos jugar juntos
nos escribimos cartas con las reglas del juego que vendrá;
estamos tan seguros de la esperanza que ya no nos importa la esperanza.
La voz de mi hija se escucha por doquier en la inacabable Ciudad,
es la voz de tantas muchachas y de la Primavera que canta en el fresno
y son sus ojos los del colibrí que a diario viene a saludarme en la ventana,
yo he visto su voz en los cientos de aviones que parten el cielo de la noche
he escuchado sus ojos
en los violines que dictan la penúltima lágrima,
en mis cartas le he dicho que se cuide de los poetas de la patria,
que se cuide de los poetas,
son los poetas los que afirman que la patria es una naranja,
son los hacedores de nuevos emblemas,
son entes peligrosos que anidan debajo de los nidos,
son veleidosos, promiscuos, inconstantes
y siempre se hallan seguros de amar a la hija del poeta,
pero son también le digo quienes saben fabricar la pólvora que salva las
heridas,
son los que aman;
en mis cartas le aviso
que se cuide del Tirano:
le obedezca,
le asienta,
las barbas del Tirano están teñidas de azul
y con ellas él caza a las muchachas que andan en busca de su príncipe,
y con sus ojos rojos
mata.
Mi hijo y mi hija
nunca han tenido una pecera.


                             24
Tan pobres hemos sido, mujer, hijos míos,
tan pobre nuestra despensa, nuestros escaparates y la madera de nuestra
puertas.
Pero en lo alto estaba la tribuna de donde salían lo mismo fieras que
gaviotas que los geranios del porvenir.
Hijo mío, tú sin calcetines, sin la pistola de agua que te hiciste grande esperando,
tu madre sin más techo que sus cabellos,
sin otra piedra en la mano que la certeza de la esperanza.
Tan pobres hemos sido,
pero quienes nos leían las cartillas
fabricaban búnkeres con el soldado de chocolate que tú, hijo, no tuviste,
con los calcetines que te trajo un líder
desde sus incandescentes reuniones europeas
adonde iban los líderes a recibir el cartabón, el compás
con que se fabricarían los esplendores de todos, entre ellos el tuyo, hijo mío,
que pasaste por la niñez sin alcanzar
el juguete que por otros decires tú soñabas.
Tan pobres hemos sido, mujer, hijos míos, madre
que por tu hijo diste la última uña que guardabas,
el pequeñito fuego restante de tus pupilas.
Tan pobres hemos sido,
pero todos tuvimos escuelas al pie de las flores
un médico en cada amanecer
un atleta que ponía tu nombre y el mío y el de todos
y el de la patria, el nombre de la patria,
en lo más alto de las colinas de todas las galaxias,
mas no bastaba:
hemos bebido nuestra propia sangre en forma de conos
hemos bebido nuestra propia sangre en forma de estrellas partidas
hemos bebido furtivamente la sangre del hermano
hemos negado la patria a aquellos que también la amaban
hemos hecho de la patria un sudario de discursos
una Pena de Muerte eterna
un zoológico donde no hay raros animales.
Perdóname, patria,
perdóname dorada naranja de la patria
perdóname porque yo también asesiné a la patria en nombre de la patria
yo también firmé el decreto donde hacía a todos los hombres iguales,
donde cada hombre respiraría el mismo oxígeno, la misma cantidad, a la hora
misma,
yo también hice el giro de la hipérbole a la izquierda
hasta que el brazo de la patria se hizo trizas.
Perdónenme, mujer, hijos míos, patria:
tan pobres hemos sido,
nunca hemos tenido una pecera
también por mi culpa,
perdónenme hoy esta amargura, esta franqueza.

Félix Luis Viera: (Santa Clara, 1945) Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La que se fue (2008, Red de los Poetas salvajes, México); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2002, 2006 y 2008, Edizoni Il Flogio, Italia.) Su más reciente novela, Un ciervo herido –que aborda el tema de las Umap, eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados establecidos en Cuba en la década de 1960–, ha recibido un notable reconocimiento de la crítica y de los lectores y ha circulado en España, Puerto Rico, México y otros países; durante cinco meses estuvo entre los libros más vendidos en Miami y ha sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo. Actualmente es ciudadano mexicano.

domingo, 17 de enero de 2010

OJEADAS







No es error, es estrategia





Por Manuel Vázquez Portal





La política no es pasional. Juega con las pasiones. Las enrumba. Las usa. Sabe con qué elementos se exacerban y con cuáles se apaciguan. La masa es para ella –no importa la tendencia: derecha, izquierda, centro- un juguete inconsciente al que se debe saber cómo darle cuerda.
No hay política mejor diseñada que aquella que se sustenta en las reacciones pasionales ajenas y multitudinarias. Cierto simbolismo, cierta morbosidad y cierta dosis de promesas reafirmatorias, son ingredientes intrínsecos de un bien montado andamiaje político para manipular las pasiones. Y ello se elabora antes de los sucesos por los que se aguarda, con los resultados previstos.
Los políticos no juegan al azar, elaboran una estrategia para alcanzar sus fines. Hay que sospechar de las jugadas obvias, de lo que nos puede, a simple vista, parecer un error porque puede resultar una trampa, sobre todo, si estamos deseosos de que ocurra aquello hacia donde nos inducen.
Bajo esos preceptos elementales –la política es más compleja aún- me gustaría echarle una ojeada a las relaciones Cuba-Unión Europea y el debate alrededor de la posición común, todo ello teniendo muy en cuenta el papel del gobierno socialista español y su jefe de relaciones exteriores.

El gobierno de la Habana no tiene el menor interés de dialogar. Sus posiciones son insostenibles en el mundo de hoy, y lo sabe; del mismo modo en que sabe que cualquier conversación, medianamente decente, lo conduciría al reajuste y cambio de esas posiciones que durante cincuenta años le han sido eficaces y rentables.
No aceptará diálogo, pero le resulta demasiado pedestre, demasiado ramplón para su medio siglo de experiencia política, postularlo de ese modo. Entonces tiene que inducir al error ajeno mostrando un supuesto error propio.
Para tal jugada necesita un portavoz. Elige al canciller español Miguel Ángel Moratinos, quien más por intereses económicos de su gobierno que por verdadera filiación política, es el adecuado para sostener, con cierto grado de credibilidad, que Cuba está dispuesta a dialogar.
Moratinos lo hace gustoso durante largo tiempo, mientras se empolla la presidencia temporal de la Unión Europea por parte de España. No olvida el gobierno cubano que la decisión final sobre la posición común se toma de manera plural por los 27 miembros del bloque y que la unanimidad es conditio sine qua non, cuenta por lo menos con el rechazo de República Checa y Polonia, por lo que la gestión de España está, de antemano, condenada al fracaso, pero no es conveniente a corto y mediano plazo que así se vea.
Cuando el esperado diálogo pudiera celebrarse, se comete el supuesto error para que las culpas del fracaso no recaigan sobre las gestiones de su vocero -a quien necesitará más adelante- ni sobre su disposición de dialogar -porque seguirá, también supuestamente, abierto a las conversaciones- sino sobre una intromisión en asuntos internos de la nación que no puede admitir.
De ahí que al primer sospechoso de injerencia que llegue al país, se le acuse de oscuras truculencias a favor de la disidencia interna, y se le expulse del país, hecho que, a no dudarlo, será noticia que pondrá en juego las pasiones y desatará todo un berenjenal de opiniones que hará visible y creíble el error elaborado con minuciosidad para que así se fuera.

La estrategia es no dialogar pero mostrar que se está dispuesto al diálogo. De ahí que se induzca al error real con un supuesto error. Expulsar de Cuba al eurodiputado Luis Yañez-Barnuevo, un dirigente histórico del Partido Socialista Obrero Español, no fue un error, es una estrategia ensayada innúmeras veces. El objetivo, sencillísimo, ganar tiempo para una gerontocracia incapaz de resolver los problemas económicos, políticos y sociales que ha creado durante cinco décadas y por los cuales no quiere rendir cuentas ante ningún tribunal, sabe que sólo la muerte en el poder los libraría de la condena, y por ello asumen la consigna de: Après moi, le déluge, que importa lo que digan las pasiones desbocadas si el fin se alcanza.
Para las pretensiones de acercamiento del presidente Barack Obama, la misma receta: se arresta y acusa de espía al contratista Alan Gross, quien repartía computadoras y teléfonos móviles en la isla, y luego verán a qué acuerdo llegan, pero siempre en la prudente distancia que necesitan los viejos guerrilleros para morir en el poder.






Galletas de fango y edificios en muletas



Por Don Alternán Carretreo




La muerte llegó devoradora a la tierra de los gobernadores del rocío. Sus voraces fauces no tuvieron compasión. Niños, jóvenes, ancianos fueron tragados por la oscuridad de los desplomes. El mundo se vino abajo de una sacudida. La tierra se tragó palacios y covachas, iglesias y lupanares. No distinguió entre presidente y pordiosero, prostitutas y presbíteros. Los techos, ya tachonados de lujos dorados, ya fabricados de pobre hojalata herrumbrosa, cayeron sobre los cuerpos como una maldición. Era el Apocalipsis particular de la tierra de Jacques Roumain.

El seismo del doce de enero hizo que el planeta volviera la mirada sobre esa tierra maldita donde para sobrevivir la gente, en el pobrísimo barrio de Cité Soleil, en la misma capital haitiana, comía galletas de lodo sin que al orbe pareciera importarle mucho. Tuvo la naturaleza que estremecerse colérica para que presidentes, clérigos, intelectuales y artistas se dieran cuenta de que el mundo se derrumbaba en Haití. Décadas de abandono y olvido no sobresaltan tanto como una catástrofe sorpresiva. ¿Cuándo los más de cien mil muertos provocados por el sismo dejen de colmar los periódicos y televisores tendrán los haitianos que volver a sus galletas de lodo?

En Cuba, por ejemplo, no hace falta un terremoto para morir aplastado por una pared que se derrumba o aterido de frío en una noche de invierno desacostumbrado en el trópico. Cuando se piensa en ella, las primeras imágenes son de Varadero, Cohíbas, Che Guevara y mulatas de turgencias sensuales y vibrantes. Sin embargo, la noche del once de enero Nuria Vera Pérez, junto a su hijo José Alain Bustamante, no alcanzaron a saber que el mundo se acababa en Puerto Príncipe. Una vieja pared, denunciada mil veces ante las autoridades locales de Santiago de Cuba por sus intenciones asesinas, los sepultó antes de que el terremoto devastara Haití, y veintiséis enfermos mentales morían de hipotermia en el hospital psiquiátrico de la Habana. ¿Será necesario también que la naturaleza enfurecida tenga que llamar la atención sobre medio siglo de atropellos, despotismo, pobreza y abandono en Cuba?

sábado, 16 de enero de 2010

SABADOS DEL AYER







Esta sección debo agradecerla a mi amigo, el poeta Manuel Sosa, que tuvo la gentileza de, mientras yo estaba en una cárcel de Cuba, él iba leyendo mis textos y los guardaba. A mi llegada a Estados Unidos, el poeta, desde Atlanta, me hizo llegar un CD-R con el archivo completo.



Vengan, pues, los patriotas

Por Pablo Cedeño

Grupo de Trabajo decoro



LA HABANA, octubre, 13 de 1997. http://www.cubanet.org/ -La patria no puede ser de ningún modo el lugar donde se es infeliz. No puede ser la patria esa trampa melancólica de la memoria que nos trae el terruño, matizado por la idealización del recuerdo. Mi patria no es Morón ni Babilonia, no es Praga ni Madrid. Mi patria va conmigo. Soy lo único que poseo. Y me amo desaforadamente, por eso puedo amar a los demás.
La primera ley del amor es no engañar. Cientos son los conceptos de patria que he leído, y en todos he sentido ese tufillo de manipulación, proselitismo y mentira embaucadora. La patria no puede ser la propuesta del poder. La patria ha de tener ala. Ninguna fuerza logra convertir su criterio en paradigma único. Si por un lado la patria es posesión, ha de serlo para todos. No para que desde su pedestal se dicten normas patrióticas, rígidas y permanentes. La patria empieza a dejar de serlo cuando alguien la posee individual y totalitariamente.
Mi patria es mi hogar, la sonrisa de mi mujer, el alborozo de mis hijos cuando vuelvo de la faena diaria. No importa en qué sitio del mundo esté ubicado. No importa en qué parte del mundo estuviera ubicado. No importa en qué lugar del mundo habrá de estar ubicado. Mi hogar, mi patria, soy yo repartiendo amor. Mi hogar, mi patria, es el designio de Dios. He de ser feliz donde me halle, donde no me falte mi hogar y mi familia, el pan de sus dientes y de sus almas. De lo contrario, me rebelo y combato.
Mi patria no es el ideal de mi abuelo mambí. El luchó por una patria que quedó atrás. El soñó una patria y luchó por ella. Yo tengo la mía. En él admiro el haberse dado cuenta de que no era feliz, y batallar por serlo. Si mi patria fuera la patria de mi abuelo, y la patria de mi abuelo fuera la del abuelo suyo, y así hasta los nacimientos del mundo, todos tendríamos la patria del Neanderthal. No hubiera hecho falta tanto desarrollo científico ni social. Nuestro hogar fuera la caverna, y nuestra patria no tendría nombre.
Basta entonces. Cada época genera su concepto de patria. Luchar por la patria es luchar por uno mismo, por lo que se tiene o lo que se quiere tener. ¿De qué sirve que mis antepasados hayan sufrido y luchado, si yo tengo que sufrir y luchar ahora? Ellos sufrieron y lucharon por sus motivos. Yo, por los míos.

Mi patria es el derecho de cada hombre a estar conforme consigo mismo. Dondequiera que me hallare, mi patria es el derecho de ejercer libremente mi concepto de patria. Mi patria es el respeto que debo a quienes no piensen como yo. Mi patria es el deber de defender mi criterio de patria. Mi patria no es el tres y la décima guajira. Es también Mozart y Píndaro. No es una rumba en un solar de la Habana Vieja. Es también una ópera en las cortes vienesas. Mi patria no es el descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla. Es también el descubrimiento de la divisibilidad del átomo. No es un round de Teófilo Stevenson. Es también un jonrón de Babe Ruth.
Mi patria no es un recorrido por la Sierra Maestra. Es también la soledad del cosmonauta, que sueña con ampliar la patria. Mi patria es el universo con todos sus prodigios y descalabros, su caos y su orden. No venga nadie a endulzarme el oído con frasecitas melodramáticas sobre el padecimiento del esplendor de ayer. Mi patria es, sobre todo, hoy, y puede ser mañana, si es que arribo a esa hora. El ayer no es más que la patria de la nostalgia, de la memoria cotejada según los intereses de la doctrina de hoy. El hoy es la patria de los esfuerzos, los sacrificios en pos del mañana, y el mañana es la patria de las aspiraciones, de las utopías.
Salvemos por lo menos el hoy. Mi patria son los sueños que alcanzo a realizar, los óbices que venzo, las respuestas que hallo para el hambre de mi espíritu, las estupideces que cometo mientras llega la patria del olvido. Mi patria es poderosa. Es el tiempo. ¿Quién puede contra él? ¿Le hacen falta soldados a mi patria? Es mi patria la luz, y la luz no es de nadie. Es la lluvia. ¿Y de quién es la lluvia? Mi patria es la belleza, divina y temporal, su imago inatrapable. Ningún poeta, músico, pintor, es dueño de mi patria. Apenas algunos si la rozan.
Es mi patria el espacio. ¿Es que existe el espacio? ¿Dónde es arriba? Mejor, ¿dónde es abajo? Ningún sátrapa puede abarcar sus fronteras, pisar de linde a linde. Mi patria es las esencias.
Vengan, pues, los patriotas. No es buena ni próspera la patria que por negligencia, modorra o miedo permite a sus próceres eternizarse en el poder. Los que una vez lucharon por un sueño, un ideal, un cambio de fortuna, y fueron líderes heroicos, altruistas, legendarios, espejo y afán de todos, suelen tornarse abominables tiranos, pútridas sanguijuelas, si usan sus antaños méritos para mantenerse regenteando la vida de todos. La patria, entonces, sufre, adelgaza, se arruina y comienza, plañidera, a clamar por nuevos próceres.
Una patria con dueño no es mi patria. Ergástula deviene un suelo con tiranos, cancerberos acervos sus viejos capitanes.
Vengan, pues, los patriotas.

viernes, 15 de enero de 2010

LA POLILLA IMPERTINENTE






Mueren enfermos y pagarán inocentes



Por Don Alternán Carretero




El gobierno cubano ha reconocido este viernes la muerte de 26 pacientes ingresados en el hospital psiquiátrico de La Habana.
Una breve nota del Ministerio Cubano de Salud Pública aparecida en el diario Juventud Rebelde admite la existencia de varias deficiencias y anunció que los responsables de estos hechos serán sometidos a los tribunales
La nota del Ministerio de Salud, leída en el noticiario televisivo del mediodía de hoy, indicó que en ese nosocomio, antiguamente llamado Mazorra, se ha producido un incremento de la mortalidad de los pacientes ingresados.
La explicación oficial alega que los hechos están vinculados con las bajas temperaturas de carácter prolongado que se han presentado de hasta 3,6 grados centígrados en Boyeros, donde se ubica el hospital, y a factores de riesgo propios de los pacientes con enfermedades psiquiátricas.
Frete a tal situación, el Ministerio de Salud ha decidido –según indica el anuncio a la población- crear una comisión para investigar lo ocurrido y someter a los principales responsables a los tribunales correspondientes.
Pero uno se pregunta, ¿y quiénes serán los responsables? ¿El jefe de mantenimiento que no tiene cristales para reponer los que se han roto en las puertas y ventanas? ¿El jefe de abastecimientos que no tiene sábanas, frazadas, ropas de dormir para los pacientes? ¿El cocinero que no tiene bastimentos para una alimentación adecuada al crudo invierno? ¿Quiénes serán los responsables? Ustedes verán que las culpas las cargan algunos inocentes que esa noche también tiritaban de frío, no tenían siquiera un té caliente y no se les ocurrió la brillante idea de prender un fogata con las jambas metálicas de las puertas y ventanas sin cristales.

LA POLILLA IMPERTINENTE

Potencia médica

Por Don Alternán Carretero


La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que lidera Elizardo Sánchez Santacruz, denunció que entre 20 y 24 pacientes del Hospital Psiquiátrico de La Habana, murieron por hipotermia esta semana.
En declaraciones a Radio Martí y en una nota enviada el jueves a la prensa extranjera, Sánchez Santacruz, manifiestó su profunda preocupación ante el alto número de muertes evitables ocurridas a principios de esta semana en el antiguo Hospital de Mazorra.
Por su parte, el periodista independiente Roberto de Jesús Guerra Pérez, del centro de información Hablemos Press, informó a Radio Martí que un médico del hospital les confirmó la muerte de esos pacientes.
El fallecimiento de más de 20 enfermos mentales fue confirmado a la agencia EFE por fuentes diplomáticas europeas en La Habana.
Sánchez Santacruz indicó que este era el número más alto de muertes evitables en un hospital cubano en toda la historia republicana.
El disidente agregó que eran pacientes indefensos que fueron abandonados en una instalación con ventanas rotas y en muy malas condiciones.
Las muertes ocurrieron entre el pasado lunes y la madrugada del martes, cuando en la zona de Mazorra hubo temperaturas mínimas de 3 coma 7 grados celsius.

jueves, 14 de enero de 2010

DEJAME QUE TE CUENTE











Delicioso edén

(Novela inédita)

Capitulo cinco.




Carrasco había enfilado calle arriba con el sol a la espalda. Delante de él un gemelo penumbroso y sin rasgos le nacía de sus pisadas y se arrastraba por la acera como otro Carrasco hecho de brumas. Se entretuvo tratando de adivinar dónde estaban los ojos, la nariz, la boca de aquel espectro tembloroso como una gelatina, y comprendió que era la nada y que la nada no mira, no besa, no respira. Se preguntó si podría sobrepasarlo en una carrera sorpresiva, si podría separarse de él para que no lo siguiera a todas partes. Con esa puerilidad que regresa con los años gastados, creyó adivinar que la vida es sólo eso: un anciano con el sol a la espalda que por delante arroja únicamente una sombra inasible.
A poco de andar, estuvo a punto de zambullirse en los albañales que emanaban a borbotones de una cloaca. Era un agua negra y pestilente que discurría lenta, asfixiante hacia los zapatos, las narices, la vida de la gente. Se vio obligado a un largo rodeo antes de subir nuevamente a la acera. Entre grumos fecales y orines añejos se deslizaban viejas cartas de amores olvidados, papeles que una vez envolvieron bombones, restos de comida putrefacta, trozos de periódicos.
Un edificio en ruinas acogía a unos jóvenes brillantes de sudor que rescataban ladrillos retostados por los soles y el tiempo. Los despegaban cuidadosamente de los muros en ruina para que no se deshicieran antes de ser usados en construcciones emergentes y clandestinas. Los colocaban sobre un vagón rústico fabricado de maderas basta y rolletes de rodadura abandonados y luego tiraban del aquel armatoste como mulos de carga que resoplaban hincando los pies en la acera rugosa. Carrasco miró tanta fuerza, vitalidad, juventud y pensó que sólo eso hacía falta para reconstruir un nuevo mundo a partir de las ruinas.
Llegó a la calle Galiano, desparramando colores de neón sobre el asfalto resplandeciente, parecía un cuento infantil lleno de maravillas. Se vio subiendo y bajando alegremente por las escaleras mecánicas del Ten Cent, saboreando un barquillo de helado, acompañando a su madre que rebuscaba entre los percheros la blusa de su agrado.
La calle San Rafael, bullendo de escaparates de cristal donde los maniquíes parecían saludar al transeúnte, era un muestrario de frivolidades y golosinas. El Encanto, famosísimo centro de ventas por departamentos, a donde la gente acudía por centenares, más a recrearse que a comprar, aún no se había incendiado. El aire acondicionado de la tienda Fin de Siglo todavía era un alivio en la canícula caribeña y el cine Rex, bellísimo edifico art decó, todavía proyectaba películas donde Humphrey Bogart era el detective Marlowe.
La calle Belascoaín, como un río de automóviles fluyendo hacia Malecón, bullía de mujeres que balanceaban su elegancia sobre altos tacones mientras iban a sus oficinas y todavía se ruborizaban cuando un hombre las lisonjeaba o las miraba con algo de impudor.

La voz de Benny Moré que brotaba de todas las victrolas instaladas en los bares, todavía recordaba que Santa Isabel de las Lajas era su rincón querido y que había descubierto la felicidad cuando llegó a Varadero y que le gustaba ver cómo bajaba del monte el río Hanabanilla.


Carrasco levantó la memoria de los escombros, y siguió camino hacia su casa. Le laceraba la comparación de La Habana del recuerdo con La Habana que ahora se le aparecía como la ruina de una novia hermosa a la que había amado mucho, aún amaba mucho. No quería mortificarse. El pasado era para él como un montón de cenizas una vez apagada la fogata. Era conciente de que todo había fluido, escapado, que nada podía salvarse del tiempo ido. Le quedaban quizás pocas horas, y no las gastaría en recapitulaciones inútiles. Nunca fue hombre de mirar hacia atrás, de lamentarse por lo perdido. Creía haber consumido su cuota de alborozos y sufrimientos.
La presidenta del Comité de Defensa de la Revolución lo saludó a la entrada del edificio cuando lo vio rumbo al ascensor.
-Por la escalera, Carrasco, que se fue la corriente.
Un lejano, desvaído, olvidado sentimiento de rebelión le anduvo por las tripas. Tuvo deseos de gritar, de dejar escapar de su pecho todo el cúmulo de agonías cotidianas que había guardado por años y que le emponzoñaban las entrañas, pero pensó que había soportado tanto que ya no tenía sentido molestarse. Se sentó en el primer peldaño, y farfulló para nadie:
-Que la muerte espere o que venga a buscarme aquí mismo.

miércoles, 13 de enero de 2010

DOS MÁS DOS, SON 75



Hasta el último round





Por Manuel Vázquez Portal




Ariel Sigler Amaya es de los que pelean hasta el último round. A los once años aprendió a ser campeón. Sabe que la victoria duele pero sin soñar con ella no vale la pena presentarse. Infancia pobre y campesina hacen de la voluntad una fragua y en ella se forja la reciedumbre del carácter. Eso es Ariel Sigler Amaya: una voluntad vencedora.
Hace siete años lo tienen contra las cuerdas. Le pegan sin piedad. Golpes bajos. El árbitro está en su contra y el público amordazado no puede protestar.
Su esquina se ha convertido en una silla de ruedas, y ya es una osamenta que resiste los embates del impío contrincante. Su entrenadora acaba de morir -el más duro de todos los uppercut- y su equipo, aunque no deja de asistirlo y alentarlo no cuenta con la logística necesaria.
Juan Francisco protesta cada mala decisión de los jueces, Miguel denuncia las arbitrariedades en cuanta tribuna halla, Guido no puede más que indignarse y morder con rabia los barrotes que no le permiten entrar a la pelea junto con su hermano.
Aquel martes 18 de marzo del 2003 cuando, por la fuerza lo subieron al ring, Ariel Sigler Amaya era un hombre sano y fuerte. La semana pasada cuando asistió al obituario de su madre –cuentan los que lo vieron- no parecía ni la sombra del hombre que el 4 de abril de 2003 fuera condenado a 20 años de prisión por aspirar a una lidia limpia, respetuosa y apegada a las leyes.
Pero no han logrado vencerlo. Es de rodillas resistentes y mandíbula recia. Sólo un knock out fulminante no le permitiría incorporarse y seguir en la lucha. Ariel Sigler Amaya es de los que pelea hasta el último round, hasta el ultimo aliento, como le enseñó su entrenadora Gloria Amaya.




Corazón y gónodas



Por Don Alternán Carretero




Guido Sigler Amaya, tuvo –y tiene- tan poco que se ha acostumbrado a vivir sólo de corazón y gónadas. Con ellos transita las noches de soledad y encierro que le han impuesto. El  parecido con su madre Gloria Amaya no es tan sólo físico. Hay sangre valiente y mirada tierna. No necesita más. Un cepillo de lustrar zapatos y un jolongo para recolectar naranjas fueron sus maestros en la niñez. El ejemplo de Gloria, la gloria a que aspiraba. Aprendió temprano a subsistir de sus manos, su amor y su coraje.
Tenía sólo cinco años cuando Fidel Castro bajó de sus vacaciones campestre en la Sierra Maestra y hechizó con un manojo de promesas al pueblo cubano. A tesón puro logró Guido graduarse de técnico en economía para trabajar en un Complejo Agro-Industrial del municipio Pedro Betancourt, en Matanzas. Creyó entonces que habían terminado sus penurias pero pronto comprendió que aquellas promesas eran puras demagogias.
Un día, hastiado ya, se negó a pagar la cuota sindical, su aporte a las Milicias de Tropas Territoriales, pidió su baja de los Comité de Defensa de la Revolución y si no renunció a su Carnet de Identidad fue para no perder esos apellidos que hoy lo hacen un héroe de la patria y para que tuviéramos nosotros la única foto por la que lo hemos conocido.
El 16 de noviembre de 1996, Guido Sigler Amaya fundó, junto a sus tres hermanos y un grupo de jóvenes matanceros, el Movimiento Independiente, Opción Alternativa. Durante casi siete años, su vida se convirtió en un infierno, fue detenido más de treinta veces, golpeado en plena vía pública, inducido a trabajar de limpiador de patios, albañil por cuenta propia, vendedor de cuanto aparecía y obligado a pagar cuantiosas multas por tratarse de ganar la vida de algún modo.
En ese torbellino de maltratos en que el gobierno castrista lo tenía sumido, también le tocó quedarse viudo. Parecía que el destino se ensañaba con Guido. Pero las desventuras no cesarían. El 18 de marzo del 2003 fue detenido en su vivienda y despojado de los pocos despojos que poseía.  El  4 de abril lo condenaron a 20 años de cárcel, quizás por ser tan pobre, haber sufrido y soñado. La semana pasada, ya el colmo, las autoridades cubanas no le permitieron abrazar a su hermano Ariel, el más pequeño, quizás, el más amado, cuando -por separados- los llevaron al obituario de su madre.

martes, 12 de enero de 2010

CANTAR DE LA SABANA







Oleo de mujer con sombrero







Es morena. Su sonrisa
tiene de pájaro suelto,
dulce ángel que se ha vuelto
prendedor de mi camisa.
Voy a pintarla de prisa:
negro brillante sus cejas,
porcelana sus orejas,
un abismo en cada ojo
pero, ¿qué color escojo
para matizar sus quejas?


Pelo lacio. Su mirada
era una vereda abierta.
Si alguna ruta fue cierta
para mí, fue su mirada.
Su piel hecha de alborada,
a todo lujo fue rejas,
hizo con sus ropas viejas
resplandecer nuestra sala,
pero, ¿con que pincel de ala
puedo colorear sus quejas?


Manos de niña. Delgada.
Pasos leves. Voz cantora.
De mis llantos, la pastora,
de mis ensueños, el hada.
Afirmo la pincelada,
hago bullir el tintero.
Si quiero un paisaje entero
de mi alma, se completa
al surgir de la paleta
mi madre con un sombrero.