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jueves, 28 de enero de 2010

Noche de historia


Palabras de Sylvia G. Iriondo en la presentación del libro “Cuba: 1952-1959. The True Story of Castro’s Rise to Power”

Casa Bacardí.
Miércoles, 27 de enero de 2010.


Muy buenas noches a todos.
Constituye para mí un inmenso honor haber sido escogida por mi querido amigo e insigne cubano, el Dr. Manuel Márquez Sterling, como una de las presentadoras de su más reciente y esperado libro: “cuba: 1952-1959”.
El título presenta los siete años que sirvieron de justificación para que, a partir del primero de enero de 1959, se instalara en nuestra patria el más devastador de los sistemas políticos.
En esta presentación, auspiciada por “Herencia Cultural cubana” y el “Instituto de estudios cubanos y cubanos americanos” de la universidad de Miami, tengo también el privilegio de compartir el panel con reconocidos académicos, historiadores y expertos en el tema, como lo son el Dr. Bertie Bustamante, el Dr. Marcos Antonio Ramos y el Dr. Alberto Luzárraga.
Conocí verdaderamente a Manuel cuando alguien me regaló su novela histórica, “Hondo corre el Cauto”.
En cada una de sus páginas, y en la magistral narración de la historia, sentí el palpitar de esa patria vibrante gestada por la entrega y el sacrificio de nuestros “mambises” a través de las guerras independentistas, que culminaron finalmente en la instauración de la república de cuba, el 20 de mayo de 1902.
Y es precisamente de esa joven, pujante y prometedora república, de los incansables esfuerzos de un líder político de la talla del Dr. Carlos Márquez Sterling, padre del autor, y de otros notables cubanos, para evitar su eventual destrucción, así como de las razones por las cuales la más brutal y larga dictadura comunista en nuestro hemisferio logró imponerse en el poder, de lo que trata el formidable análisis y la profunda reflexión de aquel período en nuestro pasado como nación a la cual nos convoca el Dr. Manuel Márquez Sterling.
Pertenezco a la generación de 1945. Generación que apenas cumplía los siete años cuando se produce en Cuba el golpe de estado de batista en 1952, que rompe el ritmo constitucional de la república. Generación que apenas asomaba a lo mejor de su juventud y potencialidad cuando comienza la larga noche de la tragedia nacional cubana en 1959.

La Cuba que recuerdo y que marcó para siempre la esencia de mi identidad, a pesar de los problemas políticos que indudablemente existían, era esa Cuba cordial, donde mi generación se educaba y crecía en un ambiente sano, familiar y feliz, mayormente ajena a la magnitud de lo que verdaderamente estaba en juego para el futuro de la nación cubana, hasta que tuvimos un fuerte despertar a una prematura madurez.
Lamentablemente hoy, más de medio siglo después, generaciones de cubanos –en la isla y en el exilio- continuamos viviendo las nefastas consecuencias del colapso de la república de Cuba en el período que enfoca el autor. Unos viviendo en la patria sin libertad; otros viviendo en libertad sin la patria. Pero todos anhelando la patria y la libertad.

Manuel nos lleva a través de este período crucial partiendo de las condiciones socio-económicas que existían en Cuba durante la etapa que recorre su libro, lo cual establece claramente que no podía justificarse una revolución social en Cuba, que estaba para ese entonces muy por encima en adelantos socio-económicos que la mayoría de los países latinoamericanos e incluso del resto del mundo, incluyendo varios de Europa y de Asia, que se han colocado muy por delante de la Cuba actual, destruida por el comunismo.
Esclarece el autor con gran precisión cómo los problemas que existían en nuestro país en aquel tiempo eran de carácter político y no socio-económico; y como llega la tiranía al poder más que por la capacidad militar del movimiento revolucionario 26 de julio, por la ineptitud del gobierno de batista; por la desmoralización en las filas del ejército; por la violencia; por la corrupción; por las campañas propagandísticas manipuladas desde la Sierra Maestra con el respaldo periodístico de medios de prensa; por la política mal concebida en torno a Cuba de los Estados Uniodos. Dirigida desde el cuarto piso del Departamento de Estado durante este período; pero, sobre todo, por la inhabilidad de los partidos –y algo de indiferencia de muchos cubanos– de poner el bien común de la patria por encima de intereses políticos partidistas y discordias estériles, en aras de preservar las instituciones democráticas establecidas en la constitución de 1940 y lograr una solución política que evitara el vacío de poder del cual Castro se aprovechó para apoderarse del país.

Recuerdo, como el libro correctamente señala, la popular frase, escuchada en aquel entonces por doquier, de que “cualquier cosa era mejor que batista”. ¡Cuanta destrucción, muerte, encarcelamiento y sufrimiento se hubiesen podido evitar de haber estado conscientes de que no “cualquier cosa” sino “la mejor cosa” es lo que protege los fundamentos cívicos y morales sobre los cuales se construye y se preserva la república “con todos y para el bien de todos”!
Los mitos y falacias propagados por el régimen totalitario de Fidel Castro, tan elocuentemente descritos por Néstor Carbonell cortina en el prólogo del libro, y enfatizados por el autor a través de su contenido, nos muestran cómo la percepción se convierte en realidad para muchos cubanos que creyeron que “mejor que batista, cualquiera”, a pesar de las irrefutables evidencias que mostraban las peligrosas tendencias y la penetración comunista en el movimiento 26 de julio, desde sus orígenes.
Es en las continuas acciones y constantes llamamientos del Dr. Carlos Márquez Sterling, encaminados a buscar una solución para salvar a cuba del abismo que se avecinaba a pasos agigantados, donde su liderazgo político se acrecenta.
Márquez Sterling propone una tercera opción –sin Batista y sin Castro- por medio de una resolución ordenada y constitucional, y la celebración de elecciones libres, pluralistas y honestas que articulen las aspiraciones democráticas del pueblo cubano. Desgraciadamente para Cuba, el desenlace fue otro.
El libro de Manuel nos insta a plantearnos qué pasó; nos obliga a cuestionarnos cómo fuimos de la plenitud moral de nuestro proceso independentista a la zozobra de nuestra república, y nos llama a evaluar el período de 1952 a 1959, para sacar lecciones provechosas que contribuyan a la reconstrucción de esa república de cuba –libre, independiente y democrática- que aunque con imperfecciones alcanzamos y perdimos.
Los errores del pasado deben servirnos de guía para recorrer el camino justo, inconcluso aún, donde han quedado profundamente marcadas las huellas e ideales de muchos cubanos patriotas que ofrendaron sus vidas, sus mejores años en prisión y sus incesantes esfuerzos por la patria, que sólo llegará a su destino con la instauración en ese país –que sigue siendo el nuestro- de un sistema que garantice libertad, igualdad de oportunidades y felicidad a todos sus hijos.
La tercera opción por la cual abogaba el Dr. Carlos Márquez Sterling sigue hoy tan vigente como ayer. Medio siglo después de que el comunismo llegara al poder en nuestra patria, la meta sigue siendo la misma: el restablecimiento de la república basada en un estado de derecho, democrática, pluralista, con pleno respeto a las libertades fundamentales de sus ciudadanos.
Si la cuba del futuro podemos construirla sirviendo a la república y no sirviéndonos de ella, por medio de sólidas instituciones democráticas; de la ley establecida con justicia y raciocinio; y de la cubanía que heredamos de nuestros antespasados y que nos mantiene como nación genuina en el exilio, no podrán surgir otros demagogos que engañen al pueblo para convertir el país en un feudo de su tiranía. Ni para dar golpes de estado, ni para hacer revoluciones.
Si la cuba del futuro cuenta con el compromiso de todos los cubanos amantes de la libertad; del levantamiento cívico que ya ha comenzado en la isla, y de un exilio militante que ha mantenido su identidad nacional y ha rescatado el legado ardiente de la soberanía moral “mambisa” de los escombros en que la dictadura comunista ha intentado enterrar a la república, Cuba reconquistará su destino brillante.
Esa república, a cuyos valores, principios y fundamentos dedicó su vida el Dr. Carlos Márquez Sterling, no morirá mientras existan cubanos como Manuel, que la definan y que sirvan de voz orientadora a las nuevas generaciones de cubanos, quiénes tendrán, junto a nosotros, la inmensa responsabilidad y el sagrado deber de reconstituirla.
Muchas gracias.

miércoles, 13 de enero de 2010

DOS MÁS DOS, SON 75



Hasta el último round





Por Manuel Vázquez Portal




Ariel Sigler Amaya es de los que pelean hasta el último round. A los once años aprendió a ser campeón. Sabe que la victoria duele pero sin soñar con ella no vale la pena presentarse. Infancia pobre y campesina hacen de la voluntad una fragua y en ella se forja la reciedumbre del carácter. Eso es Ariel Sigler Amaya: una voluntad vencedora.
Hace siete años lo tienen contra las cuerdas. Le pegan sin piedad. Golpes bajos. El árbitro está en su contra y el público amordazado no puede protestar.
Su esquina se ha convertido en una silla de ruedas, y ya es una osamenta que resiste los embates del impío contrincante. Su entrenadora acaba de morir -el más duro de todos los uppercut- y su equipo, aunque no deja de asistirlo y alentarlo no cuenta con la logística necesaria.
Juan Francisco protesta cada mala decisión de los jueces, Miguel denuncia las arbitrariedades en cuanta tribuna halla, Guido no puede más que indignarse y morder con rabia los barrotes que no le permiten entrar a la pelea junto con su hermano.
Aquel martes 18 de marzo del 2003 cuando, por la fuerza lo subieron al ring, Ariel Sigler Amaya era un hombre sano y fuerte. La semana pasada cuando asistió al obituario de su madre –cuentan los que lo vieron- no parecía ni la sombra del hombre que el 4 de abril de 2003 fuera condenado a 20 años de prisión por aspirar a una lidia limpia, respetuosa y apegada a las leyes.
Pero no han logrado vencerlo. Es de rodillas resistentes y mandíbula recia. Sólo un knock out fulminante no le permitiría incorporarse y seguir en la lucha. Ariel Sigler Amaya es de los que pelea hasta el último round, hasta el ultimo aliento, como le enseñó su entrenadora Gloria Amaya.




Corazón y gónodas



Por Don Alternán Carretero




Guido Sigler Amaya, tuvo –y tiene- tan poco que se ha acostumbrado a vivir sólo de corazón y gónadas. Con ellos transita las noches de soledad y encierro que le han impuesto. El  parecido con su madre Gloria Amaya no es tan sólo físico. Hay sangre valiente y mirada tierna. No necesita más. Un cepillo de lustrar zapatos y un jolongo para recolectar naranjas fueron sus maestros en la niñez. El ejemplo de Gloria, la gloria a que aspiraba. Aprendió temprano a subsistir de sus manos, su amor y su coraje.
Tenía sólo cinco años cuando Fidel Castro bajó de sus vacaciones campestre en la Sierra Maestra y hechizó con un manojo de promesas al pueblo cubano. A tesón puro logró Guido graduarse de técnico en economía para trabajar en un Complejo Agro-Industrial del municipio Pedro Betancourt, en Matanzas. Creyó entonces que habían terminado sus penurias pero pronto comprendió que aquellas promesas eran puras demagogias.
Un día, hastiado ya, se negó a pagar la cuota sindical, su aporte a las Milicias de Tropas Territoriales, pidió su baja de los Comité de Defensa de la Revolución y si no renunció a su Carnet de Identidad fue para no perder esos apellidos que hoy lo hacen un héroe de la patria y para que tuviéramos nosotros la única foto por la que lo hemos conocido.
El 16 de noviembre de 1996, Guido Sigler Amaya fundó, junto a sus tres hermanos y un grupo de jóvenes matanceros, el Movimiento Independiente, Opción Alternativa. Durante casi siete años, su vida se convirtió en un infierno, fue detenido más de treinta veces, golpeado en plena vía pública, inducido a trabajar de limpiador de patios, albañil por cuenta propia, vendedor de cuanto aparecía y obligado a pagar cuantiosas multas por tratarse de ganar la vida de algún modo.
En ese torbellino de maltratos en que el gobierno castrista lo tenía sumido, también le tocó quedarse viudo. Parecía que el destino se ensañaba con Guido. Pero las desventuras no cesarían. El 18 de marzo del 2003 fue detenido en su vivienda y despojado de los pocos despojos que poseía.  El  4 de abril lo condenaron a 20 años de cárcel, quizás por ser tan pobre, haber sufrido y soñado. La semana pasada, ya el colmo, las autoridades cubanas no le permitieron abrazar a su hermano Ariel, el más pequeño, quizás, el más amado, cuando -por separados- los llevaron al obituario de su madre.

miércoles, 6 de enero de 2010

DOS MÁS DOS, SON 75


Amarse sin fatiga y sin receso



Por Manuel Vázquez Portal



Alfredo Felipe Fuente cayó preso estando tan enamorado como treinta años antes cuando le prometió a Loida Valdés que la haría feliz para toda la vida.
Apenas veintitrés años tenía Alfredo Felipe cuando tomó de la cintura a Loida y la llevó a un hogar que dulcificarían a lo largo de tres décadas. Artemisa, un pueblecito disputado entre Pinar del Río y La Habana, los vio amarse sin fatiga y sin receso. Los vio estudiar, trabajar con ahínco, educar a dos hijos. La primavera de 2003 los sorprendió en la más larga luna de miel del mundo.
Loida quedó como atrapada en una telaraña de penumbras cuando aquella tarde de marzo la policía política cubana arrancó de su abrazo al hombre que ha amado toda la vida. Se sentía como con los ojos vendados, no sabía dónde quedaba el lecho --en su mitad vacío-- ni qué hacer con el plato de la tarde.
Alfredo Felipe Fuentes había estudiado economía y desde su mesa magra hasta su ciudad hambreada sabía que la economía andaba mal, pero también sabía que la economía andaba mal porque la política del país era quien peor andaba. Lleno de amor, quijotesco tal vez, quiso defacer el entuerto. Le costó la cárcel. A 26 años de prisión fue condenado por desear que el plato de las tardes se llenara en todos los hogares y la gente volviera a ser feliz.
Cuando aquella tarde de marzo lo separaron a la fuerza de Loida, la única manera en que se separaría de ella, Alfredo Felipe era delegado del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos en la provincia de La Habana y miembro del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela en Artemisa, pero lo acusaron de mercenario y no lo dejaron siquiera defenderse.
Hace casi siete años no disfruta de la mitad de su cama ni de su silla en la cabecera de la mesa hogareña, no puede acariciar a su hija cuando es asaltada por un ataque de epilepsia, ni aconsejar a su hijo cuando escribe poemas desolados. Pero dice que en mayo, cuando cumpla 61 años, su amor por Loida y sus dos hijos será tan juvenil como al comienzo.



Firmaba Pedro del Sol

Por Don Alternán Carretero

Firmaba Pedro del Sol. Sus despachos llevaban claridad. Iluminaban el silencio de un pueblo amordazado. Se sabía hijo de la luz. Pero también conocía, como José Martí, que como un monstruo de crímenes cargado, todo el que lleva luz se queda sólo y el 18 de marzo del 2003 sintió como nunca la soledad de una celda.
Después de revolcar su casa, husmear entre sus papeles y sus libros, la policía política castrista lo llevó a su cuartel en Ciego de Ávila y sin culpas ni confesiones el 4 de abril lo condenó a 20 años de cárcel. Comenzaba la más honda de las soledades. Mirar en silencio las paredes de una celda de castigo.
Pero qué había hecho Pedro Argüelles Morán para merecer tal pena. Sólo llevar luz, decir, sin miedo, sus verdades, y por eso quisieron convertirlo en un monstruo y cargarlo de culpas. Había estudiado Geodesia y Cartografía y quizás soñaba con un nuevo mapa de Cuba donde la libertad y el respeto a las ideas ajenas fueran los accidentes geográficos más sobresalientes de la isla.
Se inició en la oposición en 1992 como activista del Comité Cubano por los Derechos Humanos. En enero de 1995 se unió a 11 organizaciones opositoras de las provincias de Camagüey y Ciego de Ávila, para formar el Frente Unido Democrático Camagüey-Ciego de Ávila.
En 1995 colaboró en la fundación de la agencia de prensa Patria, la primera fundada en el interior del país. Pero Pedro era un adelantado. Desde 1993 enviaba noticias al exterior de forma directa bajo el seudónimo de Pedro del Sol.
Fue corresponsal en Ciego de Ávila de la agencia de prensa independiente CubaPress. Formó parte de la Cooperativa Avileña de Periodistas Independientes desde 1999. Sólo eso fue, un cartógrafo que dibujaba párrafos de amor sobre las áridas sabanas de una patria arrasada por la censura, el odio y el autoritarismo.
Si quisieron convertirlo en un monstruo y que lo dejáramos solo se equivocaron. No se puede abandonar a un hombre que desde una celda escribe: Me enterraron en un hueco húmedo y frío y lo rellenaron de mentiras e injusticias pretendiendo secuestrarme de la luz, pero la verdad rompe la intolerancia y denuncia la demagogia. Me confinaron el cinismo y la hipocresía, pero la razón se rebela y abre candados y derrumba rejas de odios y venganzas. Me encerraron para silenciarme, pero el amor que todo lo espera me inunda de solidaridad. Las ergástulas no pueden con lo eterno, y lo infinito y lo trascendente son la verdad y el amor.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

DOS MÁS DOS, SON 75


El plomero de los sueños





Por Manuel Vázquez Portal




¿Qué fuentes ha querido componer Orlando Zapata Tamayo, qué cañerías rotas, qué conductos tupidos?
Orlando Zapata Tamayo está preso desde marzo de 2003. Aquella Primavera Negra de hace casi siete años lo sorprendió tratando de llevar el agua fresca de la libertad a los hogares cubanos. Preso aún ha tratado de que el cantar de la fuente no cese. El no ha cesado de componer grifos, de purificar los estanques, de sellar salideros. Por eso su condena total es de 36 años de cárcel, impuestos por la Policía Política cubana en 9 juicios a puertas cerradas, en los que no han participado sus familiares, ni le han brindado derecho a abogados para la defensa.
¿Es Cuba un acueducto descompuesto que mata de sed a sus ciudadanos? ¿Una alcantarilla desbordada que asfixia con sus aguas negras y su fetidez a los habitantes que la pueblan? ¿Un muro derrumbado que no quiere aceptar su desplome?
¿Cómo llamaría el canciller Miguel Ángel Moratinos a Orlando Zapata Tamayo si fuera español?
¿El fontanero del alma?
Para nosotros es el plomero de los sueños.
Orlando Zapata Tamayo: un plomero humilde –como se le dice en Cuba a los fontaneros- ha soñado con que el agua de la sociedad sea límpida, que corra transparente y sin valladares que le impidan el salto y el murmullo, que inunde los sembradíos y las cocinas, que el campesino no tenga que esperar por el milagro del gobierno para ver crecer sus hortalizas, que las mujeres no tengan que medir con jarritos sus fregados.
Orlando Zapata Tamayo es un albañil decoroso a quien por aspirar a que el muro dé paso a todas las puertas y ventanas, le han cerrado todas las puertas. Entonces él se ha visto obligado a abrir la única posible: morir porque se abran todas. Desde el 3 de diciembre Orlando Zapata Tamayo se ha declarado en huelga de hambre. Tiene en sus manos una llave de extensión para resistir ante la barbarie y una cinta métrica para que todos sepan el largo de su coraje.
Pero la cloaca quiere arrastrar con sus heces a la bondad y el amor. Orlando Zapata Tamayo batalla con las pocas herramientas que posee: su sangre, su valor y su entereza. Es de los plomeros que no se amilanan frente al torrente desbocado. Mientras los albañales quieren ahogarlo él pone para la libertad sus manos y su frente “como un árbol carnal, generoso y cautivo”.





Un día que Dios estuvo enfermo



Por Don Alternán Carretero


María Libertad Ferrer Peña cumplirá siete años el día 15 de junio. Y será la séptima vez que su padre no aparezca con un regalo para ella. No habrá piñatas ni alegría. Ella nació tres meses después de que su papá fuera arrancado brutalmente del seno familiar. Quizás María Libertad sí nació un día que Dios estuvo enfermo.

En marzo de 2003 la policía política cubana tenía la orden de que Milka María Peña se quedara sola con su hija sin nacer y tuviera que criarla entre visitas a una cárcel y angustias en las noches de llantos de la niña.
Era la Primavera Negra de Cuba y la policía política cumplió la orden. Llegó, en aparatoso operativo militar, a casa de Luis Enrique Ferrer García y se lo llevó. Se lo llevó y él no pudo ver la sonrisa de la enfermera que le dijera que había tenido una linda niña. Se lo llevó y por eso Luis Enrique no aparece en ninguna foto de cumpleaños de María Libertad. Se lo llevó y por eso María Libertad no sabe lo que es un cumpleaños junto a su padre.
Luis Enrique tenía entonces 29 años. Era Miembro del Movimiento Cristiano Liberación en Puerto Padre, un pueblito al norte de Las Tunas. Soñaba que las miles de firmas recogidas por el Proyecto Varela sirvieran para que el gobierno cubano entendiera que el pueblo no estaba siendo feliz y reclamaba cambios. Pero el gobierno no entendió. Lo condenó a 28 años de cárcel y siete años después los cambios se hacen más necesarios y el gobierno más sordo y María Libertad sigue cumpliendo años en ausencia de su padre.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

DOS MÁS DOS, SON 75


Daniela no pasará estas navidades con su padre.

Por Manuel Vázquez Portal

Daniela no pasará tampoco estas navidades con su padre. Ha crecido sin saber como es una Noche Buena junto a Normando Hernández, ese hombre tierno que le ha dado más besos sobre una cartulina donde está su imagen que sobre las mejillas.

En las siete navidades de su vida Daniela no ha podido ver a Normando y a Yaraí armar un arbolito para ella. Normando Hernández y Yaraí Reyes son sus padres. Y Daniela no ha podido verlos armar el arbolito porque Normando está preso.
Cuando ella apenas iba a cumplir un año su padre se escondió de la policía política cubana subido en un árbol porque el día 22 de marzo de 2003 era su cumpleaños y él quería celebrárselo. Se lo celebró en una fiestecita clandestina. Luego se entregó y lo condenaron a 25 años de cárcel.
Desde entonces Daniela no ha vuelto a pasar un cumpleaños ni unas navidades junto a su padre. Normando Hernández lleva casi siete años preso por querer que Daniela y todos los niños cubanos supieran las verdades y conservaran sus fantasías.
Normando es uno de los periodistas independientes que el gobierno mantiene encarcelados desde la Primavera Negra de 2003 cuando Daniela iba a cumplir su primer año. Entonces era un hombre sano y fuerte con sólo 33 años. Hoy mismo Normando está ingresado en el hospital de una cárcel, tiene 40 años, la salud muy quebrantada y no podrá pasar las navidades con Daniela.




Mal día para nacer

Por Alternán Carretero.

El 4 de abril vino marcado como un mal día para Pablo Pacheco. Nació bajo el signo del fracaso de una zafra que había sido cacareada como la más grande de la historia cubana. Y eso ya podía significar una desgracia. Desde entonces se sabía que los 10 millones de toneladas de azúcar no se fabricarían. La autoridades, que debían estar avergonzadas, estaban rabiosas. Fue un mal año. La gente comenzó a perder las ilusiones.

Siete años después, cuando aún no sabía que el Che Guevara sólo era un asmático asesino, lo obligaron a ponerse una pañoleta al cuello y decir que quería parecerse a ese hombre. El 4 de abril es el día en que se celebra la fundación de los pioneros, Pablo Pacheco tuvo que resignarse a parlotear el lema como un lorito amaestrado.
Treinta y dos años más tarde, ese mismo 4 de abril lo condenaron a 20 años de prisión por ejercer el periodismo independiente, por no querer seguir siendo un loro que repite mentiras obligadas.
De los encarcelados en la Primavera Negra Pablo era el más joven. Hoy tiene 39 años y aún sueña con decir sus verdades. Desde la cárcel mantiene una página digital donde cuenta y analiza su realidad. Gracias a Claudia Cadelo que lo aloja en su blog Octavo Cerco podemos saber que Pablo Pacheco sigue siendo el más joven y más soñador del Grupo de los 75.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

DOS MÁS DOS, SON 75


YO LE CONTARÉ A TODOS

Por Manuel Vázquez Portal



Antonio Augusto Villarreal y yo jugábamos a la pelota en los solares yermos de Morón. El era mejor. Bateaba fuerte y fildeaba con más habilidad. Su sueño era ser pelotero. Tanía postales de Baby Ruth y monogramas de los Yankees de New York.
Yo quería ser escritor y tenía libros de Emilio Salgari y Julio Verne. El vivía por el cuartel de bomberos y yo cerca de la fábrica de hielo. Su tía tocaba el piano y la mía bordaba. Ambas se sentían orgullosas de nosotros. Un día Villa y yo nos liamos a los puños, y las tías fueron la que nos se hablaron nunca más.
En la adolescencia nos separamos. Pero teníamos los sueños intactos. Todavía no habían crecido los abismos. Suponíamos aún que todo era posible. Crecimos. Nos casamos. Tuvimos hijos. El tiempo se fue y no nos vimos. Treinta años después volvimos a encontrarnos. Fue en la cárcel de Boniato, en Santiago de Cuba.
Era la llamada Primavera Negra. El gobierno cubano había condenado a larguísmas penas a 75 opositores pacíficos y periodistas independiente. Otra vez las similitudes y diferencias volvían a unirnos. Yo, periodista; él, activista político, y tras las rejas, a gritos, rememoramos al Gallo de Morón,  La Laguan de la Leche, el profesor Benito Llanes.
Nos juramos que después de vencidas las cárceles y las tinieblas volveríamos a encontrarnos en la Laguna para contarnos las vidas que no nos sabíamos uno del otro.
Pero no ha podido ser. Las cárceles siguen y las tinieblas permanecen sobre Cuba. Yo vago por una ciudad prestada y él, después de casi siete años, permanece en la cárcel, pero me cuentan los amigos que ya no se da cuenta. La maraña de la locura se enredó en su cerebro. Ya no podré contarle la vida que no sabe de mí, pero yo le contaré a todos que él enloqueció de amor por Cuba y sus torturadores, aún así, lo mantienen en un calabozo inmundo.



ADOLFO FERNANÁNDEZ SAÍNZ: ELOGIO DEL JUSTO








Por Rolando Cartaya


El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano.
Salmo 92:12




Trae niño y trae jaba. Si niño pesa mucho, deja niño y trae jaba”. Así dice el Telegrama del Preso a su Esposa, un viejo cuento carcelario que confirma la regla de que el presidio, como escribiera Martí, seca de mes en mes el alma del condenado.
El presidio político, sin embargo, no ha podido con el alma de Adolfo Fernández Saínz. Y no porque Adolfo sea un héroe --que para mí lo es-- sino porque un día decidió seguir a Cristo y desde entonces nunca se ha soltado de su mano.

Hace poco, a principios de noviembre, su esposa, Julia, denunció que las autoridades de la prisión de Canaleta no le habían dejado pasar una sudadera para el frío y dos publicaciones católicas que le llevaba en la jaba. Julia, inquieta por su salud, rogó que al menos le dejaran pasar la prenda de abrigo. Pero sé que si Adolfo hubiese podido escoger, habría optado por la literatura. En septiembre del 2008 estuvo quince días en huelga de hambre –-una entre tantas que ha cumplido en prisión-- para exigir su derecho a calmar la sed del espíritu.

Entiendo bien a Adolfo porque estuve preso, soy cristiano, y me honro de haber sostenido con él una fructífera relación de trabajo; él, en Cuba como comentarista de la agencia independiente Patria; yo, aquí en Miami como conductor del espacio “Sin Censores ni Censura” de Radio Martí. Poco a poco me di cuenta de que, aunque no nos habíamos visto las caras, sentía por él el aprecio y la afinidad que sólo se sienten por un viejo amigo.
Por compartir sus claves entendí también por qué a pesar de contar con un cómodo empleo como intérprete y traductor del Consejo de Estado –-trabajó entre otros con McNamara, Schlesinger y los dictadores africanos Mengistu y Mugabe-- en una reunión de trabajo en los 90, cuando todo el país era un sálvese quien pueda, desmintió las excusas de Estado que ocultaban que la epidemia de neuritis óptica tenía una sola causa: la desnutrición.
De su vocación periodística sólo diré lo que pensaban sus adversarios: “Es uno de los más agudos analistas políticos del enemigo”, comentó uno de ellos, citado por el colega Juan González Febles.
En su largo confinamiento –en marzo se cumplirán siete años, y aún no llegará a la mitad de su sentencia-- Adolfo Fernández Saínz ha conocido la saña de los atormentadores de su cuerpo (al espíritu del justo, Dios le pone alas). Incómodos con tanto despliegue de dignidad, en una ocasión enviaron a un preso común para que lo golpeara.
¡Qué poco conocen a los seguidores del Nazareno!