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lunes, 21 de marzo de 2011
jueves, 21 de octubre de 2010
jueves, 7 de octubre de 2010
El hijo de Arequipa
Al fin la Academia Sueca dejó de hacerse la sueca con la obra de Mario Vargas Llosa. Hace más de treinta años el escritor peruano merecía el Premio Nobel de Literatura. Si dejar morir a Jorge Luis Borges sin reconcerlo fue un crimen de lesa poesía, haber relegado a Varga Llosa hasta ahora se parecía a las manías castristas de borrar de la historia literaria a aquellos escritores que le molestan.
Mario Vargas Llosa es considerado desde hace décadas un clásico de la literatura universal. Pero en cierta ocasión, quizás confundido en su labor humanista, quiso meterse a político y se postuló a la presidencia de su país.
Nacido en Arequipa, Perú, en 1936, unas horas después de recibir la noticia de que era el Premio Nobel de Literatura de 2010, Vargas Llosa dijo en Nueva York que el galardón es para la lengua en la que escribe y la región de la que procede.
La Academia Sueca dijo que le otorgó el Nobel al autor "por su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes mordaces de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo".
El escritor peruano nacionalizado español es el primer ganador de habla hispana desde el mexicano Octavio Paz, en 1990. El escritor colombiano Gabriel García Márquez lo recibió en 1982 y anteriormente fueron galardonados el novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias y los poetas chilenos Gabriela Mistral y Pablo
Neruda.
Durante años Vargas Llosa fue algo así como el eterno candidato al Nobel aunque ya había ganado las más prestigiosas medallas del mundo occidental y su trabajo se había traducido a 31 idiomas.
Vargas Llosa ha escrito más de 30 novelas, obras de teatro y ensayos, como "Conversación en la Catedral" y "La casa verde ,"La ciudad y los perros" (1960), "La tía Julia y el escribidor" (1977), "Pantaleón y las visitadoras", publicada en 1973. En la década de los 80 Vargas Llosa intercaló su ininterrumpido trabajo literario con el periodismo. En esa década, una de las más prolíficas, salieron a la luz sus libros "La guerra del fin del mundo", "Contra viento y marea", "Historia de Mayta" y "¿Quién mató a Palomino Molero?"
Inició el siglo XXI publicando la novela "La fiesta del chivo". El libro está ambientado en la República Dominicana en los últimos años de la dictadura de Trujillo.
El 3 de noviembre publicará una nueva novela, "El sueño del celta" (Alfaguara), que indaga en la brutal colonización del Congo por parte del gobierno del rey Leopoldo II de Bélgica.
Mario Vargas Llosa es considerado desde hace décadas un clásico de la literatura universal. Pero en cierta ocasión, quizás confundido en su labor humanista, quiso meterse a político y se postuló a la presidencia de su país.
Nacido en Arequipa, Perú, en 1936, unas horas después de recibir la noticia de que era el Premio Nobel de Literatura de 2010, Vargas Llosa dijo en Nueva York que el galardón es para la lengua en la que escribe y la región de la que procede.
La Academia Sueca dijo que le otorgó el Nobel al autor "por su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes mordaces de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo".
El escritor peruano nacionalizado español es el primer ganador de habla hispana desde el mexicano Octavio Paz, en 1990. El escritor colombiano Gabriel García Márquez lo recibió en 1982 y anteriormente fueron galardonados el novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias y los poetas chilenos Gabriela Mistral y Pablo
Neruda.
Durante años Vargas Llosa fue algo así como el eterno candidato al Nobel aunque ya había ganado las más prestigiosas medallas del mundo occidental y su trabajo se había traducido a 31 idiomas.
Vargas Llosa ha escrito más de 30 novelas, obras de teatro y ensayos, como "Conversación en la Catedral" y "La casa verde ,"La ciudad y los perros" (1960), "La tía Julia y el escribidor" (1977), "Pantaleón y las visitadoras", publicada en 1973. En la década de los 80 Vargas Llosa intercaló su ininterrumpido trabajo literario con el periodismo. En esa década, una de las más prolíficas, salieron a la luz sus libros "La guerra del fin del mundo", "Contra viento y marea", "Historia de Mayta" y "¿Quién mató a Palomino Molero?"
Inició el siglo XXI publicando la novela "La fiesta del chivo". El libro está ambientado en la República Dominicana en los últimos años de la dictadura de Trujillo.
El 3 de noviembre publicará una nueva novela, "El sueño del celta" (Alfaguara), que indaga en la brutal colonización del Congo por parte del gobierno del rey Leopoldo II de Bélgica.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
Ese hombre está loco
El modelo cubano ya no funciona ni para nosotros. Reconoció Fidel Castro. Todo un hallazgo. Veinte años después de que el modelo se viniera abajo en la Unión Soviética. A esta hora, y con ese recado, me comentó un amigo. Me dijo: ese hombre está loco, bueno, siempre lo estuvo.
domingo, 5 de septiembre de 2010
El mediocre
Cuando quieran conocer a un mediocre verdadero, pregúntenle por los demás. Todos lo serán bajo su escrutinio. Sólo él quedará sobre el montículo de la genialidad. Y es que el rasgo más sobresaliente de un mediocre es creerse único en el mundo.
domingo, 15 de agosto de 2010
Poeta bajo palabra, crítico de porque yo lo digo
Se puede, claro está, ser poeta sin haber publicado jamás un verso. Conozco cientos de ellos. Pero no presumen de serlo, porque siquiera saben que lo son. Viven como tales, pero no les importa. Hacen de su vida la poesía, pero no la posan. Transcurren con el alma encaramada en la belleza, pero no la impostan. A esos los admiro.
Quienes me dan lástima son aquello que—incapaces de un audaz oximorón, de un pensamiento lúcido, de una sonoridad fúlgida, de un sentimiento auténtico—andan—cartapacio emborronado bajo el brazo—exigiendo o mendigando a todos que les crean poetas. Es como si clamaran a gritos: te juro por mi madre que soy un gran poeta.
Pero si lástima me dan los malditos de ellos mismos, los críticos de adjetivos pomposos sin otros argumentos que su sectarismo, me dan asco. Por supuesto que todos tenemos el derecho de opinar, pero los demás tienen el derecho de no creer en nuestra opinión. No por decir Radeúnda Regoiferos es una gran poetisa ya se autentifica la condición. Eso hay que probarlo. Es necesaria la exégesis, la argumentación teórica con respaldo de la gnosis lírica. La analogía, como punto de partida del conocimiento autoriza el criterio. Pero eso se condimenta con estudio, investigación, academia. No se puede ser Madelín Cámara o Luisa Campuzano o Aimé González Bolaño con tercer grado de escuela primaria. Hay que estudiar para explicar, para establecer autoridad como ellas. No es cualquier zapingo especialista. Y por más que gruñan, pataleen, agredan, impongan que Radeúnda Regoiferos es una gran poetisa, a falta de sedimento cultural, terminan apostillando: lo es porque lo yo digo. Y es cuando uno se pregunta, ¿y quien coño eres tú?
Quienes me dan lástima son aquello que—incapaces de un audaz oximorón, de un pensamiento lúcido, de una sonoridad fúlgida, de un sentimiento auténtico—andan—cartapacio emborronado bajo el brazo—exigiendo o mendigando a todos que les crean poetas. Es como si clamaran a gritos: te juro por mi madre que soy un gran poeta.
Pero si lástima me dan los malditos de ellos mismos, los críticos de adjetivos pomposos sin otros argumentos que su sectarismo, me dan asco. Por supuesto que todos tenemos el derecho de opinar, pero los demás tienen el derecho de no creer en nuestra opinión. No por decir Radeúnda Regoiferos es una gran poetisa ya se autentifica la condición. Eso hay que probarlo. Es necesaria la exégesis, la argumentación teórica con respaldo de la gnosis lírica. La analogía, como punto de partida del conocimiento autoriza el criterio. Pero eso se condimenta con estudio, investigación, academia. No se puede ser Madelín Cámara o Luisa Campuzano o Aimé González Bolaño con tercer grado de escuela primaria. Hay que estudiar para explicar, para establecer autoridad como ellas. No es cualquier zapingo especialista. Y por más que gruñan, pataleen, agredan, impongan que Radeúnda Regoiferos es una gran poetisa, a falta de sedimento cultural, terminan apostillando: lo es porque lo yo digo. Y es cuando uno se pregunta, ¿y quien coño eres tú?
miércoles, 11 de agosto de 2010
Mi pueblo, nuestro pueblo (IV)
Todo líder tiene un programa. Un programa sometido a riguroso cotejo. Calculado. Cronometrado. Enfocado. Estilizado. Revisado, siempre hasta la saciedad. Lo primero es desterrar de él las palabras “no” e “imposible”. Tiene que ser la propuesta de un triunfador. Sin dudas. Sin fisuras.
Todo líder tiene una imagen. Una imagen peinada, manicurada, maquillada, vestida -con la humilde discreción que sólo los grandes modistas saben lograr pero que la mayoría no sabe distinguir-, fotografiada por el ángulo más noble, en el gesto más solemne o generoso o venerable, si es en familia, mucho mejor, eso da un toque de cotidianeidad muy enternecedor.
Todo líder tiene un propósito público, a lo sumo dos para sus discursos. No puede permitirse digresiones. Y este propósito debe estar vinculado a una necesidad perentoria del pueblo, y ha de repetirse en toda ocasión, fijarlo como un estribillo de una canción de moda. Si se trata, pongamos por ejemplo, de la construcción de viviendas para el pueblo, aunque lo interroguen sobre la salud, la educación, el desempleo, ha de ser breve y positivo también en esos temas pero inmediatamente retomar su propósito y hablar sobre las viviendas, porque los otros temas pueden ser el propósito de los contrincantes, y eso sería fortalecer la contraparte.
Todo líder tiene un currículo, y este currículo debe estar al alcance de todos, escrito en el lenguaje más sencillo pero deslizando, como al desgaire, algunos vocablos rebuscados que resalten la monumental cultura del líder, avalada por la mayor cantidad de títulos, diplomas y honores.
Con esta mixtura, conseguida en la retorta de los alquimistas de campaña, se va a la lidia, y el pueblo ha de saberlo, a pesar de aquel viejo decir de Antonio Machado, a través de su heterónimo, de Juan de Mairena: muchas cosas sabe el pueblo... escribir para el pueblo, ¿qué más quisiera yo? Y no olvido que, quizás, esa sabiduria del pueblo es lo que ha conducido a que en las elecciones actuales de casi todo el mundo, el por ciento de abstención sobrepase, en la mayoría de todos los comicios, el 40 por ciento; exceptuando, claro está, aquellas falsas elecciones de sociedades cerradas, de las que no puden creerse ninguna de sus estadísticas.
Todo líder tiene una imagen. Una imagen peinada, manicurada, maquillada, vestida -con la humilde discreción que sólo los grandes modistas saben lograr pero que la mayoría no sabe distinguir-, fotografiada por el ángulo más noble, en el gesto más solemne o generoso o venerable, si es en familia, mucho mejor, eso da un toque de cotidianeidad muy enternecedor.
Todo líder tiene un propósito público, a lo sumo dos para sus discursos. No puede permitirse digresiones. Y este propósito debe estar vinculado a una necesidad perentoria del pueblo, y ha de repetirse en toda ocasión, fijarlo como un estribillo de una canción de moda. Si se trata, pongamos por ejemplo, de la construcción de viviendas para el pueblo, aunque lo interroguen sobre la salud, la educación, el desempleo, ha de ser breve y positivo también en esos temas pero inmediatamente retomar su propósito y hablar sobre las viviendas, porque los otros temas pueden ser el propósito de los contrincantes, y eso sería fortalecer la contraparte.
Todo líder tiene un currículo, y este currículo debe estar al alcance de todos, escrito en el lenguaje más sencillo pero deslizando, como al desgaire, algunos vocablos rebuscados que resalten la monumental cultura del líder, avalada por la mayor cantidad de títulos, diplomas y honores.
Con esta mixtura, conseguida en la retorta de los alquimistas de campaña, se va a la lidia, y el pueblo ha de saberlo, a pesar de aquel viejo decir de Antonio Machado, a través de su heterónimo, de Juan de Mairena: muchas cosas sabe el pueblo... escribir para el pueblo, ¿qué más quisiera yo? Y no olvido que, quizás, esa sabiduria del pueblo es lo que ha conducido a que en las elecciones actuales de casi todo el mundo, el por ciento de abstención sobrepase, en la mayoría de todos los comicios, el 40 por ciento; exceptuando, claro está, aquellas falsas elecciones de sociedades cerradas, de las que no puden creerse ninguna de sus estadísticas.
martes, 10 de agosto de 2010
Mi pueblo, nuestro pueblo (III)
Cuando los pueblos sepan que su única protección es, entre todos, salvaguardar el carácter independiente de cada individuo, dentro de un ámbito legal de unidad, respeto, tolerancia y solidaridad, serán pueblos más habitables.
Los pueblos acarrean y aúpan líderes creyendo que éstos los protegerán. Hay que despojar a los pueblos de esa visión idílica. Nadie es un agraciado providencial con poderes ajenos a su pobre humanidad limitada y perecedera.
A los líderes los elige el pueblo, y aunque algunos vengan dotados de ciertas habilidades para aglutinar y hacerse obedecer en la realización de faenas necesarias para todos, sin la energía de los pueblos son nada.
No son los líderes quienes protegen a los pueblo, eso es pueril y burdo paternalismo, y los pueblos no son criaturas indefensas. Son los pueblos quienes protegen a sus líderes cuando, de común acuerdo, los siguen hacia donde ellos suponen está el crecimiento, la prosperidad y la seguridad.
Los pueblos son el poder real. Han de elegir a quienes respeten su fuerza, sabiduría, cultura, tradiciones, y sobre todo, su posibilidad de revocarlos por la misma vía pacífica por la que lo eligieron.
sábado, 7 de agosto de 2010
Mi pueblo, nuestro pueblo (II)
Nadie tiene un pueblo. Los pueblos no pueden poseerse. A lo sumo, pertenecemos a un pueblo, somos parte de él. Enseñemos a nuestros líderes a olvidar la posesividad y a entender, por una vez de todas, lo que es el sentido de pertenencia. Los líderes necesitan de los pueblos. Ovejas que marchen al son de su caramillo hechizante. Mansos hombres y mujeres laboriosos que vuelquen el terruño para hacer de la semilla flor. Son los pueblos quienes los eligen y quienes lo erigen sobre sus propios cogotes.
Por eso, aquellos que pretenden el liderazgo burilan una imagen de aureola insospechada. Y normalmente esa imagen la crean a partir de cánones atípicos que tienen más de histriones de coreografías quiméricas que de seres humanos normales. Crean un ideal hierático e inmaculado tan distante del ser común que apabulla y embelesa.
Los pueblos, hartos de realidades crudas, de días angustiosos, de historias truculentas buscan en la idealidad sus soluciones. Y entonces la promisión de los eternos salvadores viene a solventar una necesidad utópica que hasta tanto no se derrumba, el hombre....pobre...¡pobre!
No Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombro
nos llama una palmada…
Cuando los pueblos sean más realistas sabrán que la vida de una nación no es una novela rosa con un heroico galán apuesto y seductor. Cuando Cristo llegó eran muy pocos sus prosélitos. Fue necesario la cruz, la corona de espina para que lo creyeran. Sin embargo hoy se cuentan por millones sus seguidores. Quizás por eso pretenden mostrárnoslo con esa hermosura y beatitud.
Quizás el poeta argentino Jorge Luis Borges fue quien me diera la primera señal de alerta cuando escribió:
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas.
Es áspero y judío.
Ahora, en este mismo instante, cuando:
¿De qué puede servirme que aquel hombre
haya sufrido, si yo sufro ahora? no creo en salvadores, poses, ni discursos. Y repito que cuando los pueblos sepan que no necesitan líderes comprenderán realmente qué significa la democracia, la libertad y el poder.
Por eso, aquellos que pretenden el liderazgo burilan una imagen de aureola insospechada. Y normalmente esa imagen la crean a partir de cánones atípicos que tienen más de histriones de coreografías quiméricas que de seres humanos normales. Crean un ideal hierático e inmaculado tan distante del ser común que apabulla y embelesa.
Los pueblos, hartos de realidades crudas, de días angustiosos, de historias truculentas buscan en la idealidad sus soluciones. Y entonces la promisión de los eternos salvadores viene a solventar una necesidad utópica que hasta tanto no se derrumba, el hombre....pobre...¡pobre!
No Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombro
nos llama una palmada…
Cuando los pueblos sean más realistas sabrán que la vida de una nación no es una novela rosa con un heroico galán apuesto y seductor. Cuando Cristo llegó eran muy pocos sus prosélitos. Fue necesario la cruz, la corona de espina para que lo creyeran. Sin embargo hoy se cuentan por millones sus seguidores. Quizás por eso pretenden mostrárnoslo con esa hermosura y beatitud.
Quizás el poeta argentino Jorge Luis Borges fue quien me diera la primera señal de alerta cuando escribió:
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas.
Es áspero y judío.
Ahora, en este mismo instante, cuando:
¿De qué puede servirme que aquel hombre
haya sufrido, si yo sufro ahora? no creo en salvadores, poses, ni discursos. Y repito que cuando los pueblos sepan que no necesitan líderes comprenderán realmente qué significa la democracia, la libertad y el poder.
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